El día del escape había llegado, pero la chica por la que este desesperado intento de rescate existía desconocía de semejante plan y desde el día anterior se mantuvo ansiosa por lo que sucedería hoy.
Sin mucha oportunidad de dormir el día anterior, ahora se encontraba algo fatigada por la falta de energía, pero eso no la ayudo a relajarse en ningún momento.
Cada vez que tenía la oportunidad se quedaba observando el exterior de sus caza desde la ventana que se encontrara en su camino. Miraba el cielo y el sol azules, el pasto verde sacudirse con la corriente de aire. Miraba el pueblo, para ver si de allí, pobladores furiosos venían a buscarla.
Cada cierto tiempo se olvidaba que estaba de pie en el pasillo y permanecía aislada en sus pensamientos.
Muchas veces sus madre Milica se lo advirtió.
“No uses tu habilidad indiscriminadamente”
Ella no comprendía porque su madre le daba estos consejos, pero con el tiempo se dio cuenta en que clase de situaciones se podría envolver si las propiedades de su habilidad se revelaran. Aun así, cuando vio todos esos chicos heridos y a su querida y molesta hermana al borde de la muerte, no dudo un momento en exponerse.
Incluso ahora, no se arrepentía de eso. Es por ese motivo que se quedaba con la mirada perdida, estaba ansiosa pero ya no estaba asustada. Si se encontraba en esta situación fue por el bien de su hermana y por esos chicos que las cuidaron.
—Boza, ¿… qué sucede?
La joven, pero madura mamá Kazimieraslawa se mostraba preocupada cuando se dio cuenta que el tiempo que permanecía la chica en ese lugar se había extendido a más de 20 minutos.
Cuando regresaron la noche anterior, sus hijas estaban con rostros sombríos y miradas tristes. A Milica le costó encontrar palabras para levantar su ánimo y todas fueron a dormir temprano.
Lo primero que pensó Kazimieraslawa era que se trataba de una pelea con los chicos. Tal vez se trataba de una simple discusión o una pelea amorosa. Por eso, tanto ella como Milica les costó encontrar una forma de animarlas.
Con la esperanza de que al siguiente día todo se resolvería, decidieron mantenerse al margen y apoyarlas en caso de que se lo pidieran. Pero un par de horas más tarde, Mira y Slavica entraron por la puerta.
A diferencia del resto de chicas, ellas tenían miradas determinadas.
‘Si sus hermanas estaban tristes y ellas venían molestas, algo grave debió haber pasado’
Pensó Kazimieraslawa y le comunicó su pesar a su compañera Milica.
Preocupadas por que los acontecimientos del día llevaran a alguna de las chicas a tomar una decisión precipitada, Milica decidió interrogarlas y obtuvo una respuesta alarmante.
La habilidad personal de Boza había sido expuesta y en este momento ya la estaban comenzando a solicitar para sanar heridos.
Aunque era angustiante enterarse de todo eso, era una posibilidad que se había manejado desde el momento en el que Milica, usando la piedra roja que lleva en su cuello, leyó la habilidad de la chica.
A medida que pasaba la piedra brillante por encima del texto, más se fueron dando cuenta de lo increíble que era esa habilidad y lo riesgosa que resultaba para su usuario.
“Por el bien de Boza, debemos mantener esto en secreto”
Este era el acuerdo que habían hecho las dos madres, pero por alguna razón alguien más lo sabía.
—…estoy bien.
La chica que miraba por la ventana interminablemente, volteó su cabeza hacia donde su preocupada madre estaba. Con una evidente sonrisa fingida le respondió a su pregunta y volvió a moverse del lugar.
En ese momento, Boza había decidido dar una vuelta y antes de perderse en la esquina del pasillo volteó nuevamente a donde Kazimieraslawa seguía de pie.
—Mamá Kazimieraslawa, ¿sabes dónde vive un sujeto llamado Danko?
—¿Danko?, hmm… supongo que será ese sujeto.
Kazimieraslawa sostuvo su mejilla por un momento intentando recordar dónde escuchó ese nombre antes,
—Sí, creo que sé dónde es.
Y comenzó a indicarle a la joven el lugar.
▲ ▼ ▲ ▼ ▲
Después de despedirse de su atareado hermano, Rade emprendió su camino justo a la casa que tenía de frente. Su estancia en ese lugar dependería de si era capaz de convencer o no a la joven de escapar juntos del pueblo.
Si era totalmente honesto consigo mismo, en ese momento se sentía tan nervioso que pudo detener su paso, volver a casa y hacerse creer que esto no había sucedido. Pero en este momento, su hermano estaba dando su mayor esfuerzo por el bien de Boza, y ella estaba en un grave peligro.
Si se le ocurría regresar a casa y fingir ignorancia, jamás se podría perdonar.
Un poco más decidido, toco la puerta principal de la decorada casa. Este lugar siempre le pareció un paraíso repleto de hermosas chicas. En esta ocasión, venía por una en específico y de todas, aunque era la más molesta, mal hablada, era la chica que más lo valoraba.
—¿Sí?
Detrás de la puerta apareció alguien que Rade reconoció de inmediato. Se trataba de la primera chica de su edad con la que habló, y también la primera que le alzó la mano y lo abofeteó sin dudarlo.
Rade, en el instante en que la vio se llevó la mano al rostro. Este gesto molesto a Jasna que estaba siendo vista como una persona agresiva y sin escrúpulos.
—¿Qué quieres?
—Y-yo…
En su primera oportunidad de hablar, el chico perdió el habla y terminó girando su cabeza hacia un costado. Jasna respondió perdiendo la paciencia y cerrando la puerta educadamente.
Esto desesperó al chico que volvió a llamar a la puerta, para volverse a encontrar con la joven, ahora con una mirada molesta.
—Y-yo, ¡ … vine a buscar a Boza!
—¿A Boza?, ella no está.
—¡¿No está?!
—No. Salió temprano y no ha…
—¿A dónde fue?
A pesar de que la interrumpieron, Jasna siguió manteniendo un todo educado.
—No lo sé.
Cuando se dio cuenta de que significaba que la figura principal del escape no estaba en el lugar planificado y no sabía cómo localizarla, Rade comenzó a perder la calma. Incluso olvidó que además de él, Mira también estaba encargada de convencer a Boza y no preguntó por ella.
—Al menos, viste por donde se fue ¿no?
A esta desesperada pregunta, Jasna sólo sacudió lentamente su cabeza, negando. Rade dejó caer los hombros.
—Jasna, ¿Quién es tu amigo?
Desde el fondo de la puerta se escuchó una voz más adulta que la joven que atendía la puerta. Se trataba de Kazimieraslawa, una de las madres que vivía en esta casa.
—No. No somos amigos.
Jasna recalcó este hecho y expuso a su madre abriendo por completo la puerta. Al entra la luz se mostró una joven rehúya de pelaje rubio y ojos rojizos. A Rade le impresionó el elegante porte de esta joven.
—B-buenas.
—Buenas. Escuche que buscabas a alguien.
—¿Eh?, Ah… sí. Busco a Boza, pero ella me dijo que salió.
Rade señaló a Jasna que seguía apoyada al marco de la puerta.
—Ah, Boza. Sí, salió esta mañana.
Kazimieraslawa sonrió al desaliento del chico.
—Pero… creó saber a dónde fue.
—¡En serio!
La joven de pelaje rubio dio una breve explicación de lo que sucedió temprano en la mañana. En realidad, fue hace unos minutos que la chica se marchó en una dirección bastante inesperada para Rade.
Según la madre, ella estuvo preguntando por un sujeto en particular y ella le dijo lo que sabía de ese sujeto llamado Danko. A Rade le pareció muy extraño el comportamiento de la joven, pero en lugar de seguir preguntando cosas se fue de esa casa a toda prisa por la misma dirección que la chica había tomado.
Su prisa era en parte debido a que estaban en medio de un plan de escape, en parte preocupación por lo que la chica haría al encontrarse con ese sujeto. Esa ansiedad terminó impulsando ligeramente, pero de forma imperceptible, los pies de Rade.
▲ ▼ ▲ ▼ ▲
En una de las casa más alejadas del pueblo, a la entrada del bosque, un hombre de pelaje grisáceo, con orejas felinas y ligeras manchas en su piel, descansaba en un asiento mientras miraba el horizonte cubierto de pasto.
A diferencia de la fenomenal vista, la casas tenía un aspecto abandonado y deteriorado en lugares como el techo y alguno de los tablones que componían las paredes de madera.
Ese sujeto compartía ese mismo aspecto. Se podía ver claramente que ya no estaba en sus mejores años y en su rostro se percibía la sensación de alguien que esperaba tranquilamente su fin.
El sujeto no se movía a pesar de estar recibiendo en todo su rostro la brillante luz que emitía el sol y siguió manteniendo su mirada fija en una dirección.
Aunque, si hubiese sido su deseo moverse, lo cierto es que él no lo podría conseguir con facilidad, y es que sus miembros inferiores estaban ausentes, dificultándole cualquier actividad de desplazamiento.
Mientras seguía disfrutando este espectáculo que se había vuelto habitual para él diariamente, unos pequeños pasos se percibieron desde la derecha.
Acostumbrado a actuar con rapidez, el sujeto volteó su cabeza en dirección al ruido y encontró, de pie y con sus pequeñas manos sosteniendo un bonito vestido, a una niña.
La chica se vio ligeramente asustada, pero luego se llenó de determinación y siguió acercándose. El sujeto permaneció siguiéndola con la mirada hasta que finalmente, ella se colocó en frente. Los ojos de la chica que por un momento cayeron al suelo, volvieron a levantarse y a míralo fijamente.
—U-usted es Danko ¿verdad?
Ella fue la que comenzó el dialogo. Para Danko, la persona que se aproximaba era la que debía iniciar una conversación, así que, ahora que la chica abrió la boca él podía determinar el motivo de la visita.
—Sí, ¿Qué quieres conmigo?
—¿Y-yo…?
La chica dudo un momento de cómo responder esa pregunta. La verdad es que a ella le resultaba difícil explicar el motivo por el que terminó viniendo a este lugar, así que responder la razón por la que lo hizo no era algo que pudiera hacer.
—E-escuche de alguien que usted… que usted perdió sus piernas.
—¿alguien? Supongo que se trata de Vladimir, ¿y que con eso?
Danko preguntó con una voz explosiva. Al parecer, se trataba de un tema irritante para él. La chica por su parte se sobresaltó de la intensidad que él estaba expulsando.
—Es que… quería saber…
—¡AAAAH! ¡¿Qué sucede contigo, no sabes hablar más rápido?! ¡¿y dónde están tus modales, ni siquiera te has presentado?! ¡¿Tus padre te criaron tan mal?!
Danko terminó estallando de la impaciencia y la joven terminó abrumada con todas las protestas de ese señor.
—¡¿A qué viniste?! ¡¿no tienes nada importante qué hacer?! ¡¿crees que quiero perder el tiempo contigo?! ¡Márchate, estoy ocupado!
Este último ataque fue con despreció por parte de Danko. La joven se mantuvo quieta en el lugar. Si se hubiese tratado de otra persona, lo mejor era alejarse de aquel sujeto tan molesto e ignorarlo, pero como era de Boza de quien se hablaba,
—¡¿OCUPADO?! ¡Llevo 5 minutos viéndote perder el tiempo mirando a ninguna parte! ¡Incluso, llegaste a contar cuanto tiempo debías estar con la boca abierta para que se te cayera la baba!¿Qué no tengo nada importante que hacer? ¡prefiero estar en cualquier lugar menos aquí! ¿crees que estar perdiendo el tiempo conmigo? ¡YO SI QUE PERDERÉ EL TIEMPO CONTIGO!
Dijo Boza envuelta en ira. Tenía sus motivos para estar tan molesta. La persona que tenía enfrente de ella era el sujeto a quien se le había forzado a curar. Hacerlo le costaría valioso tiempo de vida a ella y, lo que estaba haciendo este tipo en ese momento era despreciarla y disgustarla.
—¡Entonces!, ¡¿a qué viniste?!
—¡Vine a saber!, ¡¿cómo fue que perdió sus piernas y si las querría de vuelta?!
—¡¿Para qué quieres que te diga eso?! Me niego a contar mi vida privada a una desconocida maleducada…
—¡Porque es importante para MI!
Correcto. Para Boza se había vuelto importante saber más de este sujeto por el que perdería la tercera parte de su vida. Lo normal sería saber que tan valiosos fue su tiempo.
Es por eso que, desde la mañana, para aligerar su malestar ante el doloroso destino que le esperaba, decidió visitar a Danko, conocerlo y juzgar si sus acciones traerían algo de felicidad.
Esa fue la única manera que Boza encontró.
Las contundentes palabras de la chica frenaron el ímpetu de Danko y decidió concederle a la chica las respuestas que andaba buscando.
—Hace poco más de un año, yo y mi familia nos trabajábamos como mercaderes…
Según Danko, en uno de sus viajes, él, su hijo y otro grupo de mercaderes que los acompañaban fueron atacados por hienas oscas.
Es día, Danko perdió a todos sus compañeros uno por uno y, mientras las hienas comenzaron a hacer trizas su cuerpo comenzando por sus piernas, un joven Vladimir y otros dos rehúyas aparecieron en el último momento, salvando su vida.
—Mi hijo murió cubierto de esas criaturas despiadadas. Todavía se podían escuchar sus gritos cuando esos monstruos lo masticaba…
Danko hablaba como podía, mientras contenía su lamento apretando con fuerza los puños y arrugando terriblemente su rostro. Boza se mantuvo en silencio viendo como él hablaba dolorosamente de ese triste recuerdo.
—Después que los vi llegar, Vladimir me comentó que quede inconsciente por la pérdida de sangre. Cuando desperté, mis heridas ya habían sido tratadas.
Mientras explicaba esta parte, Danko comenzó a frotarse los muslos hasta los muñones y su visión estaba dirigida al lugar en donde una vez estuvieron sus piernas. Después de un tiempo volvió a poner su mirada en la joven frente a él.
—Hasta ahora, Vladimir ha cuidado de mí. Me da de comer, me lleva por toda la casa… me he vuelto completamente un inútil.
Dijo mirando nuevamente al horizonte,
—… ni siquiera le he dicho a Lech que nuestro hijo está muerto.
Y soltó esas palabras como si se tratara de un suspiro.
—…
Boza siguió sin decir nada y terminó dándole un pequeño vistazo a el resto de las piernas del sujeto. Estaban mutiladas por encima de las rodillas y las heridas ya habían cicatrizado.
—Escuché que ustedes los rehúyas viven apenas tres años. Supongo que a Vladimir le he quitado demasiado tiempo por estar cuidándome.
Esta vez, la cara de Danko mostraba un desprecio por lo que estaba diciendo.
—Soy un inútil… ya no puedo hacer nada por mí mismo. Sé que debo volver y reunirme con mi familia, pero…
Su desprecio se fue transformando lentamente en odio. Todo esto mientras miraba con sus ojos afilados su actual condición.
—De que sirve que vuelva. Estaré al cuidado de mi esposa como el inútil que soy. Me sentaré en un sitio mirando como sale el sol y luego se oculta.
Sus dientes empezaban a rechinar.
—Prefiero morir que volver en este estado. Ya es suficiente con lo que le he hecho al pobre Vladimir. Honestamente… él es demasiado amable.
Ese sentimiento era un claro resentimiento con su persona. A toda esta descarga descontrolada de ira contra uno mismo, Boza permaneció quieta y en silencio.
—Es por eso, que si me preguntas si las quiero de vuelta, la respuesta sería ¡Sí! ¡Por supuesto que sí! ¡¿Cómo no lo querría, si estoy cansado de ser un inútil?!
Danko declaró con toda sus fuerza dejando ver sus intenciones.
Ese trágico suceso ocurrió hacía un año y él terminó molesto por esta situación.
Boza lo escuchó claramente. Ese fue su intención cuando vino a visitarlo. Ahora quedaba que tomara una decisión.
Lo que el sujeto frente a ella quería era fuerza para volver a ponerse en pie, regresar con su familia y liberar a Vladimir. Si ella decidía ayudarlo, podría resolver sus problemas, pero en cambio, Boza perdería algo importante.
No sabía en que momento, pero la mano de Boza estaba estirada y la culpa comenzó a llenar a la chica por no hacer nada siendo capaz de hacer algo.
Con un par de pasos al frente consiguió colocar los muñones en los pies de Danko al alcance de su mano. Lentamente su mano comenzó a descender.
—¡Oye! ¡Boza! ¡¿Qué estás haciendo?!
—¿Eh?
La voz de un chico interrumpió y consiguió la atención tanto de ella como de Danko. El que gritaba con desesperación y enfado era Rade.
Boza retiró la mano de inmediato y se aproximó molesta al chico.
—¿Qué estás haciendo aquí?
—¿Yo? Vine a buscarte.
Rade terminó retrocediendo unos pasos con la repentina cercanía de la joven.
—¿Buscarme? ¿Para qué?
—No hay tiempo para explicar, sólo sígueme. Es urgente
Su cara no le convencía. Para Boza, era evidente que el chico ocultaba algo y terminó mirándolo con desconfianza. De todas forma, Rade no dudo en extender su mano. Aun así, Boza ignoró este gesto y camino por la dirección por donde el había venido, al parecer sí lo seguiría.
Danko los vio marcharse sin decir nada y cuando ya no estaban al alcance de su vista, volvió a mirar al horizonte… preguntándose,
—¿Qué fue todo eso de devolverme las piernas?
▲ ▼ ▲ ▼ ▲
Con un paso ligero Rade avanzaba en frente y Boza lo seguía escéptica. Esta no era la primera vez que este chico mentía para llevarla a un sitio y por eso se mantuvo vigilando sus movimientos.
El dúo se mantuvo callado por un tiempo hasta que ella sintió que era necesaria, al menos, una pequeña explicación.
—Eh, ¿Me vas a decir qué sucede?
—…
Rade sabía que le tocaba convencerla, pero sintió que la mayor prioridad en este momento era alejarla de ese lugar. Él estuvo allí, en el momento en que la chica estaba dispuesta a ayudar al sujeto. Eso lo molestó mucho.
—¡Eh! ¡Responde! ¡¿quieres…?!
—¿Qué estabas haciendo allí?
La pregunta repentina del joven con un tono frio inesperado sorprendió a Boza.
—Respóndeme ¿Qué intentabas?
Ahora que estaban lo suficientemente alejados, Rade decidió detenerse y comenzar a interrogarla. Boza se vio forzada a encarar al chico, pero no pudo mantener su mirada al frente.
—Pesabas usar tu habilidad personal ¿verdad?
—…
—Pensabas perder tus años de vida ¿no?
—…
—¡¿Por qué?!
—…
Esta vez, ella no respondió, pero su mirada se alzó y sus ojos, con la frente arrugada, atravesaron con furia al joven.
—¿Por qué tengo que decirte eso?
Rade la miró igualmente molesto.
—Huyamos.
—¿?
Ante la repentina proposición del joven, Boza se quedó aturdida. Nuevamente, Rade le extendía su mano a la chica.
—Vámonos del pueblo. Sarian nos ayudara a escapar.
Ella no supo que responder y sus ojos se quedaron completamente abiertos con la insistente propuesta del chico. En ese momento se dio cuenta que el asunto de urgencia se trataba de esto. Un escape.
—Por favor
Con un rostro doloroso, Rade intentó alcanzar al mano de la joven y cuando la tomó ella inmediatamente la retiro hasta su pecho. Para Boza, esto resultaba apresurado y aterrador. Si bien se sentía agradecida por la buena voluntad del joven, también se sentía asustada.
Desde pequeñas, ella y sus hermanas sabían que salir del pueblo estaba prohibido. También, todas las personas importantes para ella estaban en este lugar.
¿Por qué tendría que arriesgarse?
—No… no puedo ¿Por qué tengo que huir?
—¿Por qué? Para poder vivir, por supuesto.
Rade le respondió como si se tratara de una respuesta evidente.
—No entiende ¿Qué se supone que haga fuera del pueblo?
—…
El asunto que más temía Sarian y que Rade no había considerado apareció en la conversación. Todos estaban intentando ayudar a la joven, pero desconocían por completo cuál era su opinión sobre la fuga.
Lo normal sería que hiciera lo posible por vivir, pero… exactamente ¿Qué vida encontraría más allá de las fronteras de la aldea? Estar aterrado era algo compresible y que comenzaba a llenar de dudas a la joven.
Rade se dio cuenta que no tenía manera de convencerla, esa era la razón por la que Mira debía acompañarlo. A la vez, también se sintió un poco lastimado. Saber que no había conseguido volverse alguien de confianza lo desanimó.
Aun así,
—Igualmente…
Aun así… él no podía dejarla.
—voy a llevarte conmigo
El rescate se convirtió en secuestro. Rade alzó la joven, un poco más pequeña que él, y la colocó en su hombro. Sus movimiento parecieron bruscos, pero hizo todo lo posible por tratarla con delicadeza. Por supuesto, ella no valoraría eso.
—¡¿QUÉ CREES QUE HACES?! ¡BÁJAME!
Como una doncella raptado, Boza elevó su voz airada.
—¡IDIOTA, SUÉLTAME!
Si su lenguaje fuera más adecuado para una señorita, tal vez esta escena rememoraría los clásicos eventos de un villano secuestrando una princesa. Pero tratándose de un acto tan vil, la reacción de Boza era lo más natural.
Rade continuó avanzando, pero como ya no se trataba de acompañar a la chica sino de llevarla a la fuerza, no podría cruzar el pueblo con discreción. Por tal motivo, tomó el camino del bosque.
Con la esperanza de que los grito de la joven no fueran escuchados, Rade siguió su camino, pero antes de que se diera cuenta, alguien ya lo había alcanzado.
—¿Qué hacen ustedes dos?
La chica que se suponía, los acompañaría hasta la biblioteca, finalmente los había encontrado.
—Ah, eres tú.
Dijo Rade muy relajado mientras Boza continuaba sacudiéndose y golpeando su espalda con los puños. Mira no pudo evitar dejar salir una mueca confundida.
—¿Dónde estabas?
—F-fui a buscar a Boza porque escuché que salió temprano. Cuando regrese, mi hermana Jasna me dijo que tú y ella estaban aquí.
Al igual que Rade, Mira estaba en la búsqueda de la joven. Por desgracia, decidió revisar en el pueblo en lugar de preguntar a sus madres y no pudo encontrase con el chico.
—y… ¿Qué sucedió?
Por cualquier lado que lo viese, el hecho de que Rade llevará a su hermana de esa forma era porque las cosas no marchaban como se había planeado al principio.
—¡ESTE SUJETO QUIERE ESCAPARSE DE LA ALDEA CONMIGO Y CON TU AMIGO!
—Ella se resistió.
Rade le explicó con una ligera muestra de dolor.
Y cuando a Mira le costó decidir lo que harían en ese caso,
—¡¿Qué ha sido eso?!
—¡Escuche algo por allá!
Las voces de unos adultos aparecieron del interior del bosque. Si Rade hubiese atendido más, se habría enterado de que este era el destino que Sarian les había impuesto a los guardias. Este era el lugar que Slavica y Jasna atraerían a las criaturas del bosque. Era la zona crítica.
—Ustedes, ¡Deténganse!
Con una voz contundente, el guardia que apareció detrás de los arbusto apuntó su arma hacia los chicos.
La reacción de estos no se hizo esperar. De inmediato sus pies comenzaron a moverse y corrieron para cualquier lado. Ahora que habían sido descubierto lo único a lo que podían aspirar era a alejarse lo suficiente como para perder de vista a sus perseguidores.
Pero era demasiado tarde. Justo como Sarian lo planeo, la mayoría de los guardias estaban dispersos por esta zona. En sólo unos minutos los chicos estaban rodeador y fueron capturados.
Incluso Boza, que fue forzada a esta situación, permaneció callada y no reveló nada. Eso lo hizo más por su hermana que por su detestado secuestrador.
Mientras los llevaban por el oscuro pasillo de la prisión una voz conocida se escuchó desde la oscuridad.
—¿Mira?
—… Señor Uros.
—¿Qué haces aquí?
Uros estaba sorprendido de que la visita de la chica como prisionera. Mira prefirió guardar silencio y apartó su mirada lentamente.
—Estos chicos, al parecer, estaban escapando.
El soldado que los traía le explicó a Uros y él se volteó hacia Mira nuevamente. Ella mantuvo su mirada alejada y allí fue cuando el comprendió. Aunque no lo entendió todo, supo de inmediato que su hijo le debía una explicación.