Luego de que el fuego terminara de consumir la mayor parte del salón y de que se extinguiera por el esfuerzo de algunas personas presente, la multitud de los alrededores se dispersaron.
Un pequeño grupo se dirigió a la plaza y después de un breve intercambio de palabras se terminó dividiendo en dos.
Con una animada despedida, sacudiendo su manos en el aire, Mira se alejaba de la plaza. Se dirigía a su casa y la acompañaban su madre Milica y sus hermanas. Sarian le devolvió el gesto, pero menos enérgico.
Ahora mismos no era momento para mostrarse entusiasta y es que detrás de él, un aura helada cubría el área circundante, y eso le quitaba al joven todo tipo de interés de voltearse a ver la procedencia.
El rostro de su madre Valeska era suficiente para generar pánico y Sarian sabía que le debía muchas explicaciones. Vesna se mantuvo serena mientras palmeaba la cabeza del chico, orgullosa y Rade seguía estando nervioso.
—y bien, ¿…qué fue todo esto?
Valeska se refería evidentemente a lo que acababa de acontecer. Al igual que el resto, ella estaba sorprendida por la inesperada victoria el chico, pero primero se debían aclarar algunos puntos que le incomodaba.
—… una pelea.
—Eso no fue lo que pregunté.
Su voz era firme y los dos chicos estremecieron sus hombros.
—Lo que quiero saber es ¿Por qué razón lo hiciste?
Valeska tenía una idea de lo que había sucedido en este lugar. En el camino de la prisión hasta la plaza intentó interrogar a los chicos y no pudo conseguir respuestas concretas.
Juzgando el comportamiento evasivo de Sarian y que se involucró en el problema de Boza, Valeska suponía que entre ellos tramaban algo. Aunque también se podía pensar que ambas partes actuaron de manera independiente.
—E-eso fue impresionante. Se ve que mi hermanito aprendió mucho de mí.
Rade trató de desviar el tema descaradamente y Valeska los miró con sospecha.
—¿Cómo que aprendí mucho de ti? Esta victoria fue el fruto de mi esfuerzo.
Sarian entendió la intención de su hermano y comenzó a alardear, mostrando orgullosamente sus flácidos bíceps. Este comportamiento no era propio del joven, así que se podía pensar que su intención era ser gracioso.
—Vladimir nunca pudo conmigo. Hice que creyera que me tenía derrotado y lo sorprendí con mi arma secreta.
—¡Oh!, dime, dime, ¿qué fue lo que hiciste? ¿cómo lo venciste?
Rade le siguió el juego y alzando su dedo índice de manera orgullosa, Sarian comenzó su breve explicación.
—Lo arrinconé en el fuego y cuando perdió la calma usé mi lanza para poner mi trampa…
Parte de lo que mencionaba el chico era cierto. Si se quitara la absurda mentira de quien arrinconó a quien, él utilizó su lanza para llevar una marca hasta lo alto del pilar de madera. Fue un movimiento simple pero arriesgado, realizó un corte en su brazo adormecido y arrojó la lanza con restos de sangre.
Si ese lanzamiento, en lugar de caer en el pilar hubiese caído en el fuego, el chico hubiera perdido su arma y su posibilidad de victoria o, de usar la habilidad igualmente en esa situación, ahora no estaría vivo o entero.
—… cuando menos se lo esperó, descendí de los cielos y *PUM* ¡Victory!
Sarian alzaba sus manos y Vesna inocentemente lo seguía.
—No sólo eso, sino que también se me ocurrió la brillante idea de expulsar a Boza. Las leyes rehúyas dicen que sólo se puede hacer peticiones a los habitantes de la aldea. Brillante ¡Brillante!
Rade aplaudió la actuación ridícula de Sarian con una sonrisa más que forzada,
—Es verdad, recuerdo que mencionaste eso ayer.
Y comentaba, sin darse cuenta que la mirada de Valeska se dirigía en su dirección.
—humm… ya veo.
Los dos chicos se pusieron nerviosos y encogieron sus hombros cuando escucharon ese breve y frio comentario. No sabían porque, pero se dieron cuenta de que se equivocaron en algo. Vesna no se percató del cambio repentino en el ambiente y siguió aplaudiendo y adulando a su querido hijo.
—Rade, nos vamos.
Valeska se volteó y camino de regreso a casa. Antes de marcharse con ella, Rade se acercó a Sarian y le susurró,
—Mañana vendré a enfrentarte y…
—Seré yo
Sarian lo interrumpió hablando al mismo volumen. Rade retrocedió por un momento y frunció el ceño.
—¡¿Qué estás diciendo?! ¡Debo ser yo!
Aunque Rade insistía, Sarian negó con la cabeza.
Por supuesto, Sarian se refería a la siguiente expulsión, por lo que era normal que su hermano no comprendiera sus palabras sin una explicación adecuada.
—Seré yo. Estoy más preparado, yo fui quien la puso en esta situación y, además, seguramente ella no tiene muchos deseos de verte ahora mismo.
Rade sólo pudo gemir de dolor con estas contundentes declaraciones. Un rato antes de que se fuera, Mira le estuvo dando a Sarian una breve explicación de lo que sucedió cuando se suponía que convencerían a Boza.
—Está bien.
Rade terminó cediendo y se retiró junto a su madre Valeska que lo seguía esperando. Vesna fue la que se acercó en esta ocasión a Sarian.
—Bueno, ahora que todos los visitantes se fueron creó que es hora de que comience con sus trabajos, señor líder.
Dijo Vesna entre risa. Al parecer le pareció gracioso hablarle de esa forma a su propio hijo. Era eso o que no podía contener la alegría de ver a su hijo en ese puesto.
Pero eso no fue lo que llamó la atención de Sarian, sino lo que estaba diciendo su madre en ese momento.
—¿Eh?
‘¿Dijiste… trabajos?’
▲ ▼ ▲ ▼ ▲
Ser un líder tenía sus beneficios, no sólo se le daba la oportunidad de cumplir un deseo, sino que durante su mandato te convertías en un ser respetado.
Pero…
Durante el mandato, además, el líder tenía una misión fundamental.
—¡AH! ¡Señorita Vesna, llega justo a tiempo!
Un rehúya vestido con ropas simples cubiertas de tierra y con un extraño sombrero se acercó a Vesna y a Sarian. Por su aspecto se podía deducir que estaba claramente molestó.
—¡Este chico lo sigue haciendo!
—Por favor, señor Zivuse. Tranquilícese.
Vesna intentó frenar el ímpetu del sujeto mostrando sus manos y hablando con una voz calmando. Por suerte, Zivuse fue obediente y se tomó con calma la explicación que daría. Sarian se mantuvo a la espera por si se diese el caso de tener que actuar.
De eso se trataba el trabajo de un líder. Vesna, como la jueza y mediadora de los conflictos de la aldea, debía visitar frecuentemente a sus pobladores y tratar de dar una solución aceptable a los conflictos que pudieran aparecer.
Había ocasiones en las que la solución que otorgaba la jueza necesitaba de ayuda extra de una persona fuerte e influyente. Para esas situaciones, el deber de un líder era apoyar a la jueza y era una de las razones por la que el líder se decidía con una batalla.
—Recuerda lo que le mencioné hace unos días.
—¿Hace unos días? Se refiere a sus cultivos.
—Así es. Le dijo al chico que cada tres días me traería todo el Mreba que cosechara a mí, ¡pero…!
Zivuse no se limitó a señalar de forma despectiva al joven que lentamente se acercaba a donde se estaban reuniendo. El chico se veía nervioso y las palabras no salían de su boca.
—¡Ese bastardo no me trajo nada ayer!
Vesna dirigió su mirada al joven que prefirió desviar la suya.
—¿Eso es verdad?
—umm… Sí, pero…
El chico encaró al sujeto y habló con un poco más de fuerza en su voz.
—Usted debe entender. No hemos conseguido mucho Mreba últimamente. Cada vez somos menos cosechándola. No puedo traerle todo lo que tengo reunido en tres días sólo a usted ¡También debo entregarles a otras personas!
—¡¿Qué estás diciendo?! ¡Si fuiste tú mismo el que se dispuso a cumplir ese plazo!
Un sentimiento de hostilidad se apodero de los dos y Vesna fue la que terminó poniéndose un poco impaciente. Si estaba dispuesta, ella podría deshacerse de este intenso comportamiento usando su temible fuerza, pero alguien interrumpió al par, que discutía, con una pregunta peculiar.
—¿Para qué es que necesita la Mreba?
—¿Eh?
Los dos giraron su cabeza para encontrar a un chico con una altura que apenas sobrepasaba la cintura de la jueza.
‘Oiga señor ¡¿Por qué esa mirada de desprecio?!’
—¿Para qué? Pues para mis planta, por supuesto. Y… señorita Vesna, ¿Quién es este renacuajo…?
Zivuse se arrepintió de inmediato de haber dicho eso. El rostro de la joven se deformó, haciendo que su frecuente sonrisa relajada fuera remplazada por una terrible cara de bestia. Todo esto ocurrió sólo en la mente de Zivuse, ya que la belleza de Vesna nunca desapareció, pero el temor en su cuerpo permaneció.
—Este chico, es Mi hijo y, además, es el actual líder.
Los ojos de los dos sujetos se abrieron por completo y volvieron a dirigir su mirada al chico. En esta ocasión, Sarian aprovechó la presentación que le dio su madre y, sacando pecho de manera orgulloso y colocando sus manos en la cintura, saludo con confianza.
—Buenas, señores. Un gusto en conocerlos, soy Sarian, el líder de los rehúyas.
—¡Oh, mi hijo es increíble! Que imponente te ves.
Vesna olvido lo molesta que se sentía hace un momento y comenzó a abrazar al chico que vio como su minuto de fama se vio destruido por la intervención de su madre.
—Y-ya veo.
—Sin dudas… es sorprendente.
Los dos sujetos no pudieron ocultar su sorpresa. Todavía les costaba creer que este chico venciera a alguien en un combate, pero luego recordaron que se trataba del hijo de Vesna y, por lo tanto, de Uros.
—E-entonces, usa la Mreba para las planta ¿Con que objetivo?
Sarian trató de apartar a su madre y retomar el motivo principal por el que se involucró en la discusión. Su razón para preguntar era más que todo, curiosidad.
—Ah, cierto. Lo hago para que las frutas y verduras crezcan rápido y tengan un gran tamaño.
Zivuse no se detuvo con es breve explicación e invitó a Vesna y a Sarian a ver sus cultivos. El chico con el que discutía también los siguió y llegaron hasta la parte trasera de una pequeña casa.
—Oh, sí que son grandes.
—Lo ven. JA, JA
—…
Vesna quedó impresionada con los diferentes tipos de frutos que colgaban en las delgadas ramas. Había plantas de todos tipos, pero ninguna era conocida por el joven. Pero lo que lo dejo sin palabras fue el estado de los frutos.
La mayoría, sin dudas era mucho más grande que una naranja, más del doble. Como Sarian desconocía del tamaño que estos frutos alcanzaban normalmente no podía opinar sobre el tamaño, pero lo que si podía mencionar era el estado de las plantaciones.
Las plantas tenían muchas hojas marchitas y con manchas oscuras en los tallos. Los frutos estaban supurando líquido y expulsaban un olor a podrido. Alrededor, los insectos merodeaban en millares, cubriendo cada parte.
Sarian no podía considerar elogiar esta plantación. De hecho, se preguntaba si lo demás no se percataban de esto.
—Tus plantas parecen un poco enfermas
—Ja, ¿eh?¿…enfermas?
Zivuse inclinó la cabeza y las orejas a la vez mientras repetía esas palabras con duda.
—Sí, enfermas. Mire sus tallos, y las frutas. También pienso que todos esos insectos no son buenos para ellas.
Sarian no se limitó y comenzó a enumerar cada parte que pensaba que estaría mal mientras indicaba con su dedo.
—Bueno, a los insectos les encanta la Mreba, así que es normal que estén volando por aquí. Si es para tener tantas frutas y de este tamaño, no veo que sea un problema.
—Igual pienso que no están saludables.
—¡¿Qué vas a saber tú, renacua…?! Mis padre me enseñaron de esa forma. La aldea necesita muchas frutas y esta es la única forma de conseguirlas.
Con una mirada de advertencia de Vesna, Zivuse explicó su punto de vista. Sarian no pudo replicar y permaneció callado.
Al final, Vesna consiguió un acuerdo mutuo de que Zivuse recibiría Mreba cada 4 días. Él estaba un poco molesto, pero terminó cediendo a esa decisión.
—Por cierto, ¿Cuál era tu nombre?
Regresando a la plaza, Sarian recordó que el chico que los acompañaba no se había presentado.
—Es verdad, no me había presentado. Me llamó Jur.
—Jur, eh. Un placer.
Sarian ya se había dado cuenta que extender la mano era un gesto raro para saludar, así que se estaba conteniendo de hacer este comportamiento de su antiguo mundo en frente del resto.
—Dijiste, que cada vez eran menos.
—Ah, sí lo dije. Lo cierto es que somos los mismos, pero últimamente mis compañeros están enfermándose mucho.
—¿Enfermándose?
—Sí. Ellos siempre fueron chicos saludables, pero desde que comenzamos con la recolección de Mreba, todos han enfermado.
—¿y están bien?
—Ah, sí. Al cabo de un tiempo se recuperan, pero luego se vuelven a enfermar.
‘Eso sí que es extraño ¿Estarán fingiendo estar enfermos para no trabajar?’
Escuchar esta historia le trajo recuerdos de un buen amigo a Sarian. Alguien que conoció en otro mundo.
—Llegamos.
Anunció Vesna y el grupo se dividió. Jur se marchó por su lado y Vesna guio nuevamente a Sarian a través de la aldea. En ese momento, el sol apenas alcanzaba su punto más alto en el cielo.
—¿A dónde vamos ahora?
—Vamos con Bolek
De inmediato, el estado de ánimo del chico decayó.
▲ ▼ ▲ ▼ ▲
El ruido del metal siendo aplanado por golpes contundentes se hacía notar desde varios metros antes de llegar a la herrería. Comparado a las otras viviendas que eran de madera, esta era la única que podía presumir su resistencia al estar hecha por completo de bloques y concreto.
El calor que desprendían cada una de sus aperturas era sofocante y podía motivarte a pensar “¿Cómo pueden permanecer adentro?”
Aun así, un grupo de fornidos personas, dirigidos por un rehúya de pelaje naranja continuaban trabajando sin quejarse.
Aunque este sujeto no parecía estar haciendo mucho, lo cierto era que se trataba de la persona más capaz en lo que respecta a la herrería. Es por eso que se tomaba su tiempo para educar correctamente a sus estudiantes.
De la puerta surgieron voces y llamó la atención de los que se encontraban dentro, trabajando. Para no detener el proceso de amoldamiento en el que se encontraban sus hombre, el sujeto de pelaje naranjo fue el que se acerco a la puerta y tras abrirla se encontró con caras conocidas.
Por un momento, él dejó escapar una desagradable sonrisa hacia uno de sus invitados, pero se limitó a hacer cualquier comentario al estar presente su otra invitada. No sería tan tonto de poner su vida en juego por un minuto de alegría.
—Señorita Vesna, Sarian. Que gusto verlos tan pronto.
En frente de su puerta estaban la joven esposa de su amigo y el actual líder e hijo de ella. Por la cara del chico se podía saber que los ruidos de hace un momento en la puerta eran las muestra de disgusto del chico por el hecho de estar aquí.
—Buenas, Bolek.
Vesna trató de lucir calmada y regresó al punto importante de su visita. Como estar dentro de la herrería era una hazaña, Bolek consideró llevar a sus invitados a un lugar más agradable y se acercaron a la zona de los mercados.
De hecho, el motivo por el que Vesna debía visitar al herrero estaba vinculado con el mercado, así que estar en este lugar era parte importante de la solución del problema que tenía Bolek.
—Verás. Últimamente, los mercaderes están dejando de traer metales a la aldea. Según ellos, ese tipo de materiales no tienen venta aquí por sus altos precios y antes de cargar con algo tan pesado prefieren no traerlo.
Bolek comenzó a explicar a medida que atravesaban la zona. De vez en cuando les daba muestras reales que la cantidad de metal ofertada eran bien poca y bastante cara.
—Si no consigo metales nuevos no podré forjar más armas y me tendré que dedicar darle mantenimiento las que tenemos disponibles.
Mientras caminaban llegaron a un lugar que tanto Vesna como Sarian reconocieron de inmediato.
—¡Domard, volviste!
‘¡El poderoso mostacho! No lo veía hace tiempo’
Vesna se acercó al dueño de la pequeña tienda. La primera vez que Sarian recibió la visita de su madre, uno de los lugares que visitaron fue la tienda de este hombre. Por lo que mencionó su madre, al parecer Domard estuvo de viaje y finalmente había regresado.
—¡Oh! Es la señorita y veo que el chico ha crecido.
Domard volteó la vista hacia donde Sarian estaba parado. El chico levantó la mano para devolver el saludo.
—¡No sólo ha crecido! ¡Ahora es nuestro líder! ¡¿Puedes creerlo?!
—¿En serio? Eso es impresionante, joven.
—Gracias.
Sarian se seguía avergonzando de ver como su madre lo adulaba y ya no sabía hacia donde mirar.
Por suerte, Bolek decidió interrumpir a Vesna antes de que ella contará lo sucedido y retomó el objetivo inicial. Domard escuchó todo lo que tenía que decir y meditó un tiempo antes de decir algo.
—Ya veo. Necesitas metal, pero…
Domard giró su cabeza hacia los alrededores. Lo que veía eran los puestos de sus compañeros, todos estaban bastante desprovistos, no sólo de metal.
—Traer artículos que no se venderán es arriesgado. Puedes asegurarme que compraras el metal ¿Cuánto puedes pagar?
—En realidad, no tengo dinero, pero… tengo una propuesta.
—Propuesta ¿De qué se trata?
—Qué tal si me trae suficiente metal para que yo pueda hacer armas para los del pueblo y el resto se las llevan ustedes. Las armas son mucho más caras que el metal, por lo que tendrá muchas ganancias si las venden.
Nuevamente Domard se llevó la mano a la barbilla, esta vez no tardo mucho en pensar que decir.
—Lo siento. No podemos hacer eso.
—¿Qué? ¿Por qué?
Bolek se vio sorprendido por la contundencia de sus palabras.
—Necesitamos dinero, no más mercancía. Aunque nos llevemos armas tan lujosas como las que tú haces, eso no nos asegura que las podamos vender en Zarco.
Los tres rehúyas presentes dejaron caer sus orejas.
—Además, Ahora mismo, el gobierno está comprando todas las armas, y fuerza a los mercaderes a vendérselas a bajos precios. Así que no tendría ninguna ganancia. Es más, probablemente tengamos perdidas si hacemos eso.
—Comprendo.
Dijo Bolek luego de dejar salir un profundo suspiro.
—Bueno. Entonces, nos vamos.
Viendo que esta era una buena oportunidad para marcharse, Vesna tocó ligeramente el hombro del abatido rehúya y comenzaron a alejarse de la zona comercial.
Por un tiempo breve los tres permanecieron en silencio. Fue en ese momento en el que Sarian se dispuso a hablar.
—¿Tan mal estamos con las armas?
La pregunta del chico tenía sentido ya que hasta este momento las armas abundaban en la aldea. Por supuesto, lo que el chico desconocía era que, en su mayoría eran recicladas.
Al tener tiempos de vida tan cortos, lo que un rehúya usaría su arma apenas llegaría a los tres años, luego esa arma estaba disponible para la siguiente generación.
El problema no era la cantidad, sino que al tener tanto tiempo en uso estas se desgastaban y de no ser por una extenuante restauración por parte de los herreros, hace mucho tiempo que en la aldea no habría armas.
—Lo cierto es que ya necesitamos renovarlas. Hoy, un grupo de leñadores salió apurado al bosque para buscar materiales.
Bolek decidió explicar lo sucedido esta mañana.
—Después de estar un par de horas trabajando, todas las hachas que usaron quedaron totalmente destruidas. Fue entonces cuando se aparecieron en la herrería pidiendo que se las reparara. Era imposible hacer eso.
Ese fue el momento en el que Bolek se dio cuenta que no podía seguir reparando. Era necesaria una renovación.
—¿Qué estaban haciendo esos tipos para destruir todas sus armas?
—¿Olvidas que el salón quedo destruido por el incendio?
—…
Sarian prefirió no contestar.
▲ ▼ ▲ ▼ ▲
De vuelta a la plaza, ahora sin Bolek, Sarian retomó su puesto en la silla de madera colocada en ese lugar.
Vesna se alejó un momento y cuando regreso, venían con ella varios rehúyas alzando barriles, sillas mesas y algunas bandejas con comida. En un momento quedo preparado un impresionante festín en frente del joven.
Como el combate de líder fue temprano y ya no se celebraría a esta hora, la preparación para el banquete ocuparía este tiempo. Se habían agrupado varias mesas formando una enorme superficie en donde se exhibía la deliciosa comida.
La mesa improvisada se rodeo de silla y las personas que se encontraba en las cercanías ocuparon un lugar. Increíblemente, varias caras conocidas de joven vinieron al banqueta. Se trataba de todos sus hermanos.
Algunas de las chicas también vinieron. Vesna aprovecho su posición como jueza y consiguió reservar los asientos a cada lado del líder, el de la derecha se lo cedió a Mira y ella se sentó a su derecha. Su felicidad se apago cuando a su lado se sentó Uros que en algún momento había llegado.
La comida no duro mucho sobre la mesa. Sarian apenas pudo probar los platos que tenía más cerca. De no ser por la agilidad de la chica a su derecha y la contundencia de la joven a su izquierda, era probable que se hubiese ido a la cama con hambre.
Luego de que la cena terminara, algunos grupos pequeño se formaron para conversar, beber vino o simplemente pelear por cualquier cosa.
Sarian se acomodó al espalda de su silla y, cerrando sus ojos, comenzó a meditar. Mira pensó que era conveniente dejarlo tranquilo un rato y se acercó a donde estaban el resto de sus hermanas. Vesna por el otro lado, siguió discutiendo con Uros.
Lo que pensaba el joven lo sorprendió un poco. El día de hoy había conseguido una forma de marcharse de la aldea y comenzar su viaje, sin embargo, en este momento estaba pensando en todo lo que sucedió después.
Recordaba los cultivos que vio en casa de Zivuse, los compañeros enfermos de Jur, El problema con las armas que tenía Bolek. De hecho, no tenía que pensar en eso, bastaba con voltear la vista y encontrarse con el saló que él mismo había destruido.
Puede que su hermano Zoran causara el incendio, pero sería muy descarado de su parte si no se responsabilizaba por este hecho. Incluso debía agradecerle a Zoran de haberlo ayudado.
—¡Eh, líder! ¿A dónde vas?
Dijo un sujeto de los que quedaban todavía sentados bebiendo. Por alguna razón permanecía todavía en su lugar.
—Voy a descansar un poco.
—¡Descansar! ¿Qué eres, un niño?
Sarian decidió ignorar los comentarios molestos y se dirigió a local destinado para que el líder descansara.
Para un rehúya esto era algo innecesario ya que se conocía de que su habilidad era permanecer bastante tiempo sin necesitar descanso. Sin embargo, si el vencedor resultaba herido, sería más conveniente para él estar acostado que en esa silla de la plaza. Esa era la principal razón de ese local.
Mira lo vio marcharse, pero no se acercó como siempre lo hacía. Eso fue porque se dio cuenta de la mirada que tenía el chico en ese momento. Cuando Sarian tenía esa mirada lo mejor era dejarlo solo.
Una vez dentro y recostado en una pequeña cama, el chico miró fijamente al techo. Lo que flotaba por su cabeza eran los residuos de los recuerdos del día de hoy, o sea, él estaba pensando en los problemas que presentaban en la aldea.
Vesna, como jueza, trato de dar una solución, pero definitivamente eso no solucionaría el problema que progresivamente seguía agravándose.
‘Primero está el problema de los cultivos. Ese sujeto no sólo tiene problemas con la Mreba que usa como fertilizante, sino que también tiene problemas de plagas. Puede que esté acostumbrado a trabajar de esa manera, pero estoy seguro que se desperdicia bastante de los cultivos.’
Sarian no fue un campesino en su anterior vida y tampoco podía presumir de contar con un basto conocimiento de agricultura de su anterior mundo. También estaba el hecho de que este nuevo componente llamado Mreba era algo que desconocía por completo, tanto sus beneficios como perjuicios.
‘Igualmente, la enfermedad de los ¿cosechadores, era…? Los chicos que recogen Mreba. Parece extraño que se enferme al poco tiempo de trabajar. Lo más extraño es que uno de ellos no lo haga.’
Jur era el caso excepcional entre los cosechadores. Ese chico no parecía muy entusiasmado con ser el único disponible todo el tiempo para recoger Mreba, pero tampoco se veía molesto por lo ineficientes que eran sus compañeros.
‘Tal vez, sea buena idea visitar a los enfermos mañana. Debo tratar de estar preparado para un posible combate por la tarde, así que no debo estar dando muchas vueltas.’
Mañana nuevamente, Sarian debía combatir por el puesto de líder.
‘No quiere tener más nada que ver con este pueblo, pero al menos trataré de ver qué puedo hacer por mamá. Ella seguirá viendo esos problemas y discusiones mientras no se soluciones ¡Eso es! ¡Lo hago por mamá!’
Como si estuviese buscando fortalecer su resolución, Sarian cerró rápidamente sus ojos para descansar, aunque en su mente seguía buscando una solución.
▲ ▼ ▲ ▼ ▲
El otro día no tardo en llegar, y no era porque el día fuese más corto, sino porque desde temprano Sarian abandonó su cama y se dirigió a la mesa improvisada junto al “trono” del líder.
Su intención desde muy temprano era buscar a su madre Vesna para que lo acompañara a donde se reunían los trabajadores que cosechaban la Mreba. La parte de buscar a su madre la tuvo que descartar al verla totalmente acostada en la mesa, con un sujeto a su lado.
Ella y el tipo a su lado estaban tan cariñosamente abrazados y a Sarian se le escapó una mueca desagradable. En el momento en que se dio cuenta que era su padre quien estaba acompañándola, su gesto termino siendo una combinación de incredulidad y desprecio.
‘¡¿A dónde se fue todo el odio que se sienten?!’
Para no tener que aclarar lo que estaba viendo se tragó sus palabras y despertó a su madre con sutileza. Como si no pasara nada, ella se despertó, giró a ambos lados, y dándole una tierna sonrisa a su hijo lanzó a su compañero de sueños fuera de la mesa.
‘Creó que se hizo daño.’
—No te preocupes, tesoro.
Vesna se dio cuenta de lo preocupado que Sarian se veía y con un gesto de su mano trató de calmarlo. El chico no le quedó más remedio que suspirar.
Luego de una “breve” preparación, Vesna acompaño a Sarian a donde el le pedía. A principio él pensó que como se trataba de un grupo de personas que distribuían algo, lo más probable era que no tuvieran un local de reunión designado y que cada uno trabajaba por su cuenta.
Por suerte, estaba equivocado. Al parecer, todos los cosechadores se reunían en un hogar en donde habitaban como una familia más. De hecho, esta era la forma en la que funcionaba todo en este pueblo, las personas con oficios similares tenían un local para vivir.
Eso le hizo darse cuenta al chico que en algún momento tendría que abandonar su actual casa para mudarse al local designado por su trabajo.
—Llegamos.
—¡Ah… sí!
Sarian se dio cuenta de la voz de su madre y alzó la vista para contemplar el sitio al que habían llegado. Era una construcción un poco abandonada en cuanto a la limpieza y dejaba al visitante mucho que desear.
—¿Es aquí?
El chico preguntó con duda,
—Sí. Es aquí
Y la expresión de Vesna no cambió.
Sin perder más tiempo, ambos entraron con Sarian delante y apenas dieron un par de pasó se encontraron con varias sabanas cubriendo los cuerpos de algunas personas.
Todos estaban descansando y por su respiración agitada se podía pensar que o estaban sufriendo de una terrible fiebre o se encontraban en medio de una fea pesadilla.
Sarian dudó de si debía continuar aquí o esperar a más tarde, pero una persona que apareció en la puerta al final del cuarto le ayudo a decidir.
—Oh, Vesna, Sarian
Jur sonreían con calma trayendo en su mano un recipiente con agua y unos paños. Al ver el estado de sus compañeros se podría concluir de inmediato que él se estaba encargando de aligerar la fiebre de ellos.
—Disculpen que no pueda atenderlos en este momento, pero…
—No, descuida.
Sarian trató de ser considerado y se apartó. Jur comenzó a darle tratamiento a los demás.
Primero remplazó el paño húmedo de la frente al primer chico, remojando y escurriendo el que le acababa de quitar. Luego pasó un paño por los brazos y el cuello para quitar los excesos de sudor y por último les dio de beber algo que estaba al lado de su cama.
Después de ver esta secuencia por segunda vez, Vesna se incorporó a ayudar, impulsando al propio Sarian a tomar un par de paños y atender a otro de los enfermos.
Por un breve tiempo, el silencio llenó el lugar. Mientras eso sucedía, las tres personas saludables atendían con cuidado a los enfermos.
‘Esto es… zumo de Mreba.’
En efecto, Sarian se dio cuenta inmediatamente que el contenido de la bebida que Jur les brindaba a sus compañeros era la bebida que tanto le había gustado al chico como para darse cuenta de inmediato sólo con olerla a varios metros.
El tratamiento duró un par de minutos más y cuando fue atendido hasta el último de los enfermos, a petición de Jur, Sarian y Vesna lo acompañaron a la habitación trasera por donde el chico había venido.
—Entiendo porque no puedes traer más Mreba.
—…sí.
Jur se encontraba en una situación más compleja que un simple incumplimientos de acuerdos. Aun así, era complicado que las personas a quienes suministraba Mreba comprendieran su situación. Cada uno tenía problemas que debían manejar.
—Es bastante extraño que todos estén enfermos excepto tú ¿Qué crees que sea?
—Bueno… no lo es tanto.
—Hmm, ¿Qué quieres decir?
—Es que, la planta de la Mreba es venenosa ¿sabes?
‘¡Es verdad! Creo que fue papá quien mencionó eso.’
En efecto, mientras Sarian estuvo compartiendo su primera bebida de Mreba con sus padres este dato había salido a la luz.
—En ese local se prepara la Mreba que se extrae del bosque. Un grupo de chicos la busca en el bosque y el resto permanece aquí para procesarla.
—Entiendo.
Al parecer, trabajar con la Mreba no era lo peligroso sino su extracción. Según Jur, entre los cosechadores se intercambiaban el trabajo y en esta ocasión, Jur era quien se quedaba cuidando del local y de los enfermos.
—Si los dejas descansar un tiempo ellos se recuperan sin ningún problema, pero perdemos gran parte de nuestra mano de obra y entrar en el bosque es igual de peligroso.
La enfermedad de intoxicación con la planta de la Mreba era recurrente para los cosechadores y ya sabían cómo manejar la situación un poco, pero eso no quitaba que la tarea se hacía más difícil que si todos estuvieran disponibles para trabajar.
▲ ▼ ▲ ▼ ▲
Sin una respuesta clara para el problema de los cosechadores, Sarian y Vesna regresaron a la plaza. Una pequeña multitud se movía en dirección norte a unos metros de esta.
Cuando Sarian prestó atención de quienes se trataba se dio cuenta que, entre las personas, la mayoría se trataba de sus hermanos y las hermanas de Mira. También iban con ellos Valeska, Milica y otra de las madres de las chicas’Kazimieraslawa’ que él no conocía.
—¿A dónde van todos?
—No lo sé.
Con un ligero gesto de sus hombros, Vesna mostró sus desconocimiento. Por ese motivo ambos se acercaron al grupo.
—¡Sarian!
La primera en notar su acercamiento fue Mira y comenzó a alejarse del grupo para encontrarse con el chico y su madre.
—Buen día Sarian. Buen día señorita Vesna.
—Buen día.
—¿Cómo estás linda?
—Por cierto, Mira ¿A dónde van todos?
Sarian al instante buscó información con la joven mientras seguía el movimiento del grupo con su vista.
—Todos vamos a la puerta. Por la mañana se presentó un guardia en la casa diciendo que Boza se debía marchar hoy, así que vinimos a despedirla.
—Oh, ya entiendo.
Por la explicación del la chica, ese grupo iba en camino a la puerta para completar la expulsión que Sarian le había impuesto a Boza. El chico pensó que también debía acompañar al resto, por lo que se uniría, pero lo que no entendía era por qué sus hermanos y su madre Valeska, los acompañaban.
—Supongo que también iré ¿vienes mamá?
—¡Sí!
Así los tres se juntaron al grupo y llegaron a la puerta unos minutos más tarde.
Según sus propios hermanos, Valeska los forzó a despedirse de su amiga, así que terminó arrastrando a la mayoría a la puerta.
—Madres, hermanas, chicos… Los voy a extrañar.
Eso fue lo primero que pudo pronunciar Boza cuando comenzó con las despedidas. Su voz se notaba un poco apagada, así como sus ojos se veía a batidos. Seguramente se encontraba en conflicto en ese momento.
Gracias a las conexiones que poseía Valeska en el pueblo, un mercader que regresaba a la capital llevaría a la chica con él. En este momento, ese mercader se encontraba empacado en su carreta el equipaje de la chica con la ayuda de un par de hermanos.
—Boza, cuídate.
Milica comenzaba a apretar cada vez más fuerte el cuerpo de la chica contra su cuerpo cuando llegó su turno de despedirse. Boza era una chica difícil de tratar, pero la tristeza y las lágrimas en los ojos de sus hermanas fue suficiente para saber que la querían.
Por supuesto, en el turno de los chicos lo único que hubo fueron unos saludos agitando sus manos. La verdad algunos de ellos sólo estaban aquí por la exigencia de Valeska.
Entre ellos, Rade comenzó a avanzar en el grupo con su mirada baja y cuando estuvo lo suficientemente cerca para que lo escucharan y lo suficientemente lejos como para que Boza no perdiera la calma, susurró
—Lo siento.
La joven al ver los gestos tan fuera de lugar de Rade, suspiró y comenzó a acercarse en el lugar del chico. Rade alzó la vista preocupado de que ella perdiera el control nuevamente, pero distinto a lo que esperaba, Boza froto su cabeza con una mano.
—…no te tienes que disculpar. Gracias.
‘Parece que la relación de estos dos no va a ningún sitio.’
Pensó Sarian mientras intentaba soportar la risa. Esta vez era su momento de despedirse, así que se acercó e intentó hablar lo más bajo posible.
—Escucha Boza, Planeo encontrarme contigo en Zarco. Es mejor que fijemos un punto de reunión.
Algo estaba claro, Sarian no sabía cuando podría llegar a Zarco. A diferencia de Boza que partía hoy, el no estaba seguro de como conseguiría salir de este lugar.
El plan de fuga todavía estaba en marcha y él mismo no podía asegurar si era capaza de seguir obteniendo deseos ganando el puesto de líder nuevamente.
—Según leí, en la mayoría de las capitales hay una plaza central, parecida a la que tenemos en el pueblo. Tendrás que esperarme allí todos los días a partir del próximo mes.
Ninguno de ellos sabía del mundo exterior al pueblo y Sarian mismo desconocía si las formas de comunicarse en este mundo eran similares o distintas al anterior. Una espera exhaustiva era una forma segura de tener un encuentro.
—Está bien.
Cuando todos se despidieron y Boza se subió a la parte trasera de la carreta junto a sus cosas, Valeska se comenzó a acercar y después de una breve y silenciosa charla, le entregó una carta a la chica y regresó a su puesto.
Con esto, la carreta se puso en marcha y Boza abandonó el pueblo.