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Arco 2 eventos secundarios

Capítulo Extra: Kevin, el viajero

(Narrado por Kevin)

 

Cuando de pequeño me preguntaron, qué quería hacer cuando fuera grande.

―¡Quiero ir a la luna! …

Nah, la verdad no dije eso.

Y aunque me lo hubiese propuesto, estoy seguro de que no lo hubiese conseguido.

No se trata de que me volví un tipo pesimista. Más bien sería porque no tendría ni el interés ni la habilidad para conseguir semejante hazaña. En lugar de eso, prefería ser un simple mortal que estuviera de paso por el mundo. No pensaba conseguir nada importante.

Cada vez que me veía envuelto en algún tipo de interés terminaba abandonándolo a los pocos días. De esa forma, no había ninguna posibilidad de mejorar.

Así fue básicamente mi vida hasta cumplir los 15 años.

Me llamó Kevin. Hace un par de meses cumplí mis 16 años. Hasta ahora no tengo nada que importante que reportar en mi vida, ya que he decidido abandonar todo lo que pueda parecer interesante.

Vivo en casa de papá, con mis 3 hermanas y un gato de mascota que nunca veo por las mañanas. Mi madre murió después de mi nacimiento, pero nunca me he culpado por eso. Tal vez, mi padre insistió tanto en recordarme que ella era una persona enferma que terminé descartando esa idea. Aunque, sí me quiero quejar con mi padre por tener 4 hijos con una mujer enferma.

Mis tres hermanas son mayores que yo, así que la batalla por el cariño de mi padre ya estaba perdida antes de que naciera. Lo único que podía conseguir de él, eran las palmaditas en la espalda cada vez que me veía durmiendo en su cuarto. Aunque ese trato sólo me hacías sentir incómodo

Mi vida escolar es bastante simple de describir. La palabra aburrida lo resumiría todo, aunque puedo agregar varios eventos interesantes como: la vez que me escape de clases para ir al río y… bueno, creo que sólo cuento con eso.

Vida amorosa, cero. Vida laborar, cero, por supuesto. Expectativas… ummm ¿Trabajar poco por un buen salario? No estoy seguro.

Creo que, con esa premisa, tampoco es que esperen algo bueno de mí. No destacó lo suficiente paras ser jefe de algún lugar y como mi mayor deseo es tratar de no tener sueños para dormir bastante, tampoco les recomendaría verme como una persona excepcional.

Quizás, por eso fue que mi papa se rindió con dejarme a cargo de su negocio.

Lo que llegué a pensar hasta este momento es que: si mi vida fue de esta manera, entonces seguiría el mismo curso sin ningún cambio drástico por el camino. Supongo que el tiempo me permitió darme cuenta de lo equivocado que estaba.

Y fue entonces que esa oportunidad apareció, en forma de cuaderno.

―¿Qué es esto?

Si me la hubiese encontrado en el patio de la escuela y llevara un título sugerente de su objetivo, podría haber comenzado a maquinar de qué forma me podría convertir en el nuevo orden mundial, castigando a los criminales con mi propia justicia. Pero ese no fue el caso.

Un día, en la cola de una tienda. Un joven muy bien vestido como para estar haciendo esa clase de trabajo, nos fue entregando uno a uno, un cuaderno.

El cuaderno contenía muchas promociones de viajes a sitios turísticos. Honestamente, no entendí porque repartían eso en una cola donde todos esperaban pacientemente comprar productos rebajados de precio.

Para mí no es un problema, ya que mi padre es un tipo exitoso y capaz de mantener a sus cuatro hijos. Quizás, por eso es que mi hermana mayor todavía no busca trabajo, y las demás le siguen los pasos.

El cuaderno no parecía muy interesante, los lugares que promovía eran bastante comunes, con relación a los sitios que había visitado, pero luego, al pasar la página, vi algo que sorprendentemente llamó mi atención.

Con el anunció “Sabía que”, una serie de curiosidades se listaban, cada una más extraña que otra. Debo admitir que un interés oculto comenzó a aflorar en medio de mi pecho y la idea de intentarlo pasó por mi mente con mucha intensidad.

Aun así, me repuse de tomar la mala decisión de abandonar la cola y conseguí lo que buscaba y tranquilamente volví a casa con la excusa de que se estaba haciendo tarde. En mi mente seguía repitiendo ‘Lo haré después’, porque sabía que siempre que pensaba eso terminaba olvidándome.

Por suerte o por desgracia, estaba equivocado…

 

 ▲ ▼ ▲ ▼ ▲

 

―¡Eh, Kevin!

Como siempre, mi ruidoso compañero de clases, June, me saludaba a casi cien metros de distancia. Esto era un evento innecesario que ocurría todos los días que nos encontrábamos antes de ir a la escuela.

«De verdad. Si me quieres saludar, sólo tienes que acercarte ¿Por qué tienes que venir gritando desde tan lejos?»

Soportando las miradas fijas en mí y en el torpe de mi amigo, le devuelvo el saludo sin mucho interés en hacerlo.

―¿Qué tal, June?

―Cansado como siempre ¿Por qué la escuela es tan temprano?

―Si sigues durmiendo tan tarde, es normal que estés cansado. Aparte que la energía que recuperas te la gastas corriendo a la escuela.

―Puede que sea eso… bueno, tendré que acostúmbrame a dormir en las clases.

No puedo evitar mostrar el disgusto en mi rostro. Antes, siempre había negado que dormía en clase por placer, pero veo que ya se ha vuelto más descarado. Siento pena por la profesora Tamara.

Sin perder más tiempo, avanzamos por trayecto más corto a la escuela. Es una lástima porque, por esta zona, las estructuras son bastante simples y modernas. Las construcciones clásicas de los lugares más apartados de la cuidad y las viviendas situadas en la cima de la montaña conservan su arquitectura y son sorprendentes de ver, pero por esta parte sólo puedo ver cajas cuadradas sin nada que aportar a la vista.

―¿Qué sucede, Kevin? No has dicho ninguna palabra.

―Eh… pensaba que la televisión se ha vuelto repetitiva. La serie que vi ayer era tan previsible.

Si me pusiera a hablar de diseños de casas con June, lo más probable es que no espera a las clases para quedarse dormido. No pienso llevarlo cargado a la escuela.

―Hoy me acompañas, ¿verdad?

June interrumpe mis molestos pensamientos con su habitual pregunta.

―Lo siento, tengo algo que hacer.

―¡Otra vez! Ya son tres semanas, ¿qué te sucede?

A lo que se refiere June es que, hace tres semanas tuve mi encuentro con aquel cuaderno. Desde ese momento,  he cambiado un poco mi rutina y June se ha percatado lentamente de eso.

Antes, era frecuente que él, Celia y yo fuéramos  a jugar billar o al cine. Pero ahora ya no los acompaño tanto. De hecho, ya son tres semanas seguidas que sucede lo mismo.

June pensó que era un movimiento considerado de mi parte para que él y Celia se pudieran acercar más, pero cuando ella rechazó ese acercamiento llamándolo molesto, la relación de ambos se volvió algo incómoda. Es por eso que June se ve desesperado por que lo acompañe.

―Hola a los dos.

La que faltaba del grupo se incorporó con sus soñolientos ojos verdes. Ella siempre ha tenido ese rostro cansado y June siempre está cansado, así que eso es algo que se les puede encontrar en común.

―Buen día, Celia.

―…nas, Celi…

June no da su mejor saludo y termina desviado la mirada hacia un perro que utiliza la técnica ancestral para liberar las impurezas de su cuerpo. Si mi amigo tuviera ese tipo de intereses estaría preocupado, pero sé que su motivo es evitar los ojos de la chica que tenemos de frente. En realidad, no necesita hacer eso.

«Ella, ni siquiera se molesta en mirarte ¡¿Qué fue lo que hiciste, June?!»

―Vámonos.

Sin nada más que aportar, Celia marcha al frente y June y yo la seguimos en silencio. Esta es la primera vez que experimento un ambiente tan pesado, así que no sé qué decir. Por primera vez en mucho tiempo, me quedo mirando el suelo.

Sé que terminaran resolviendo este problema con el tiempo, pero el proceso sigue siendo doloroso.

―Kevin.

―¿Qué?

La voz de Celia me obliga a levantar la mirada. Ella, que camina delante nuestro y como no se tomó la molestia de voltearse no sé qué cara estará poniendo en este momento.

«Eh, ¡que yo no tengo nada que ver con este malentendido! No pienses de la misma forma que June»

―¿Qué hacías ayer en la montaña?

―¿Eh?

Estaba claro que me tenía que sorprender. Si recuerdo bien, ayer fui a la montaña por una de mis pequeñas excursiones. Al parecer, Celia sabe de mi viaje.

―Fui a comprobar una cosa. Me viste allí.

―Sí, y me pareció extraño lo que estabas haciendo.

Bueno. Soy un tipo actuando extraño, en un lugar extraño. Creo que es la palabra perfecta para describir mis acciones. Igualmente, preferiría no comentar mucho de lo que me he dedicado a hacer en estos días y para no dar información innecesaria, primero preguntaré su opinión.

―Extraño ¿Qué cosa?

―…

Ella se voltea un momento. Por fortuna, no me está mostrando una mirada resentida.

―Estabas al borde del acantilado… ¿Por qué estabas haciendo algo tan peligroso?

Sus ojos cansados se ajustan con la seriedad de su pregunta. Ahora que lo pienso mejor, desde el punto de vista de otra persona mis acciones podrían parecer drásticas y en el caso de un conocido algo angustiantes.

En lugar de alegrarme por su preocupación decido responder con la misma seriedad para evitar cualquier confusión.

―No te preocupes. Estaba investigando algo.

―¿Investigando?

June se une a la conversación, pero como se esperaba de él, su actitud era bastante relajada.

«¿No te diste cuenta de que era una conversación seria?»

Supongo que Celia hizo suya la pregunta de June y se mantiene expectante a mi explicación. Para su seguridad me detengo a responder en el lugar. No quiero ver como su cabeza rebotaba con el poste al que peligrosamente se acercaba mientras caminaba sin mirar al frente.

―No es nada serio. Es un nuevo hobby.

―¿Un hobby? ¿De qué se trata?

El hecho que la pregunta sincronizada de ambos está acompañada con miradas interesadas me emociona un poco. Hasta este día, nunca se me había ocurrido la idea de hablar de mis aficiones a los demás, así que me preocupaba contarles.

―Creo que es mejor que lo vean ustedes.

Así, me arriesgo y los invito a acompañarme. No estoy seguro si este viaje será igual de entretenido a ir al cine o jugar a los bolos, pero si ellos tienen interés no pienso rechazar su entusiasmo. Aunque June cree que no lo puedo ver, me doy cuenta de cómo aprieta su puño y su cara se arruga con ganas de llorar.

«Descuida amigo, hoy no tendrás una tarde incómoda… creo»

 

▲ ▼ ▲ ▼ ▲

 

El lugar al que nos dirigiremos no está muy lejos, pero igualmente, es necesario el uso del transporte público. Una vez que las clases terminaron caminamos hasta la parada de ómnibus más cercana de la escuela.

Lo principal era prepararlos para lo que encontraríamos en nuestro destino. No quiero que se hagan ilusiones con algo sorprendente, así que lo mejor será darles una introducción sencilla.

Con las ideas claras me volteo hacia mis dos acompañantes. Cada uno parece sumergido en el contenido de sus teléfonos, pero yo sé que esas es su forma de superar estos momentos de silencio incómodo. Antes, June rellenaba estos momentos con insinuaciones extrañas o chismes absurdos. Celia lo detenía de inmediato y lo criticaba por hablar sin verificar la información primero.

Era algo gracioso de ver y me hizo recordar todo el tiempo que pasamos juntos después de clases.

―Iremos a la cima de la colina, así que prepárense para una pequeña caminata.

―De acuerdo.

―Claro.

Celia y June responden sin alzar la vista. Ahora puedo darme cuenta de la desesperación de June cuando me suplicaba acompañarlos todo este tiempo. El sentimiento de unidad que teníamos en aquel entonces ha sido remplazado por este ambiente pesado.

«Debo hacer algo»

Sintiéndome responsable comienzo a pensar en un tema, pero lo único que tengo en la cabeza en este momento son aquellas palabras.

―“La Colina del Este cuenta con un gran secreto, y es lamentable que algo que se puede observar a simple vista se haya ignorado durante tanto tiempo”. ―Citando el texto de aquella revista, consigo que mis amigos abandonen sus teléfonos y me presten atención. Sus miradas confundidas me hacen dudar un momento de si debo continuar, pero ya no tengo la oportunidad de detenerme.

―“Al detenerte en determinado punto de esta maravilla natural, si observa con detenimiento el paisaje del sur, podrás darte cuenta que las carreteras que fueron construidas desde la antigüedad sirven para representar una forma singular”. ―Antes de decir otra cosa, me volteo nuevamente hacia Celia y June.

―¿…Cuál forma?

―¿Estás hablando solo, Kevin?

Ambos dan su opinión en cuanto detengo mi narración abruptamente. Bueno, en este caso, sólo Celia. June esta despistado como siempre.

―Será mejor que lo vean por sus propios ojos. No tiene gracia si se los digo.

―Entiendo. ―Celia decide esperar con paciencia.

―¿Estaban hablando del lugar al que iremos? Cuéntame, cuéntame.

―Cuando llegamos, June. ―June deja de insistir cuando Celia le habla con una mirada hiriente.

Oportunamente, el ómnibus no tarda mucho en pasar y llegamos a nuestro destino antes de que el sol se empiece a ocultar.

Antes de perder la oportunidad de contar con la luz del sol, insisto a ambos a ponernos en marcha y los dos me siguen sin quejarse. Al parecer, ellos están interesados.

―¿En serio viniste aquí ayer? ―June comienza a respirar con fuerza mientras deja salir sus palabras con dificultad.

―Sí, pero no te preocupes. Ya estamos cerca.

En efecto, estábamos a pocos metros de la cima, así que lo que nos queda es desplazarnos hasta el punto que señalaba el mapa. Como estuve aquí ayer, ya no necesito fijarme hacia dónde ir.

Luego de unos cuantos pasos por el camino de tierra llegamos y June deja escapar un largo suspiro. Celia se ve cansada, pero es su apariencia habitual, por lo que no puedo sacar conclusiones sólo de verla.

―…¿y bien?

Ella no se detiene a respirar y ya comienza a buscar por los alrededores, aunque no sabe que es lo que tiene que ver. Debo apresurarme en corregirla antes de que se decepcione.

―Espera, Celia. Para ver lo que vinimos a buscar, debes acostarte en el suelo.

―¿Eh…? ¿Acostarme en el suelo?

«Bueno, su reacción es normal.»

No debe ser sencillo tomar esa decisión sin una buena explicación, primeramente. Pero este es el tipo de situaciones en la que una explicación no basta. Después de todo y con razón, mencioné que era mejor que lo vieran por ellos mismos.

―Así. ―Sin esperar más tiempo, me tumbo en el suelo, sobre la hierba del terreno.

Sin dudarlo, June me acompaña arrojándose sin dudarlo. Supongo que esa confianza incondicional lo hace ver más compañero leal que como un tonto.

―Vamos, ven. ―palmeo el suelo en mi parte izquierda mientras veo a mi joven compañera dudar de nuestra capacidad mental.

―¡¿Qué esperas Celia?! ―Incluso, June parece haberse olvidado de contenerse con ella y la incita a seguirnos.

Este momento se siente como cuando nos hicimos amigos. Aunque sería mejor decir, que este es otro de los momento que vivimos juntos. Como amigos.

Parece que el efecto grupal fue suficiente para convencerla y Celia termina arrojándose al suelo con mucho cuidado.

―E-espero que valga la pena hacer esto ―ella responde con un poco característico chillido en su voz. Se nota que está alejada de su zona de confort.

―Eso lo tendrás que decidir tú. Por ahora mira hacia adelante.

Señalando al frente, indicó un punto especifico de la ciudad. Ahora que estamos con la cabeza cerca del suelo. La línea del horizonte que limita al mar se ve a la altura de unas siluetas definidas por las casas, edificios y estructuras de nuestra pequeña ciudad.

Con el enrojecido mar de fondo, los espacios entre las sombras de las falsas siluetas representan varias formas. Cuatro columnas forman componen una prisión que resguarda una joven desesperada hecha de las curvas en las paredes de una cúpula en un edificio. Tres guerreros enfrentan compuestos por los bordes de los tejados empuñan lanzas y espadas. Un enorme pez que parece salir del agua los enfrenta, aunque sólo sean el muelle rodeado de botes.

Cualquiera que vea este pequeño cuadro improvisado se confundirá con las imágenes que se reflejas. Como se espera de una obra con tantas condiciones, la imagen no es del todo representativa, así que se requiere un poco de imaginación para verla. Como en la explicación de este lugar venía la leyenda, puedo darme cuenta, pero no es el caso de mis compañeros. Así que tendré que contarles de la leyenda de…

―La reina del mar.

«Exacto… ¡Espera! ¡¿Fue June quien acertó?!»

―¿La reina del mar? ―Celia interviene en mi lugar. Ahora mismo estoy procesado lo que acaba de suceder.

―Sí. Es la leyenda de la Reina del mar. La que fue raptada por piratas y fue encontrada en la cueva donde vivía un enorme pez.

―No recuerdo esa historia. ¿Dónde fue que la leíste? ―Celia también se ve asombrada por el inesperado conocimiento de June

―¿Leer? Sí lo pusieron en la televisión el otro día. Era algo de que iban a proteger las leyendas de nuestra región.

«Ya veo. Ahora tiene sentido.»

Ambos, Celia y yo, dejamos escapar un largo suspiro. Lo que dice June es cierto. Lamentablemente, parte de este escenario artificial ha desaparecido ya que, en la parte derecha, lo que debían ser edificaciones antiguas, fueron remplazadas por esas desagradables casas cuadradas sin ningún aporte a la vista. Como resultado, la siluetas formadas en esa zona no aportan nada.

―Ahora que mencionas eso, puedo ver con mayor claridad las formas. ―Celia se fija por segunda ocasión y luce más complacida.

Al parecer, si June o yo no mencionábamos lo de la leyenda, se hubiese quedado callada, pero desilusionada de este viaje.

«Bien hecho, June.»

―Es sorprendente encontrarse con algo como esto cerca de donde uno vive, ―con unas suaves palmeadas en su ropa, Celia se sacude los rastros de hierba de encima, ―pero más sorprendente aún, es verte tan interesado en estas cosas, Kevin. ―Y concluye con una mirada sorprendida sus pensamientos.

Por su ligera sonrisa, siento como si hubiese aprobado algún examen y dejo escapar un segundo suspiro. Estaba nervioso por lo que pensarían mis compañeros, pero ver a Celia tan satisfecha y a June como siempre, me da a entender que este viaje fue liberador.

―Bueno. A mí también me impresionó mi repentino interés. De hecho, ahora que estoy concluyendo con mis visitas a este tipo de lugares, ya estoy pensando en buscar nuevos.

Los sitios mencionados en la revista, apenas superaban la docena. De no haber sido porque tardaba varios días en encontrar algunos, mi “búsqueda de tesoros” hubiese concluido en las primeras semanas y ya me habría olvidado de todo esto.

Como el resultado de mi continuo esfuerzo, esto que llamó hobby se volvió mi afición y desde hace un tiempo lo estoy tomando con tanta seriedad que ya lo considero parte de mi futuro.

―Quiero se arqueólogo o ingeniero o arquitecto. Mientras pueda disfrutar de estas maravillas ingeniadas, diseñadas y construidas por personas fabulosas, quiero investigar y ser parte de algo igual de grande. ―En algún momento, mis palabras sonaban ahogadas, pero no me detengo por eso. ―Quiero ver el mundo. Quiero ver tantas maravillas como sean posibles.

Y desde ese momento, mi trayecto como amante de las maravillas comenzó.

 

▲ ▼ ▲ ▼ ▲

 

Mis amigos, por supuesto que no se negaron en apoyar mis sueños. Me conmovió mucho contar con su apoyo.

Ahora, lo que queda es mi familia. Más bien, mi padre.

―No te pienso pagar esos viajes.

«¡Fallo en las negociaciones!»

Por alguna razón que no consigo entender. Un tipo lleno de dinero, como lo es mi padre, no piensa en complacerme esta vez. Tal y como lo imaginaba, siempre terminó en lo último de las prioridades de mi padre. A mis hermanas le da todo y a mí las sobras.

«¡Maldito viejo de mierda! ¡No esperaba esto de ti!»

No debo desesperarme. No estoy del todo perdido. Después de todo, lo que necesito es dinero y hay muchas forma de conseguirlo.

«Puedo trabajar… eso es un buen plan.»

Con mi determinación por las nubes, voy a buscar trabajos después del horario de la escuela. Puedo usar los métodos convencionales visitando a cada establecimiento, pero a esta hora de la noche lo único que podré conseguir es un cubo de agua bien fría en mi cabeza. Puede que mi colega, June tenga más experiencia que yo en el sector laborar, así que puedo empezar por consultarle.

―¿Trabajo? Si claro. Puedes ir al mío, pagan bien y no hay que hacer mucho.

Fue sorprendentemente un éxito. En apenas unas horas, mi futuro ya estaba bien encaminado. Ahora sólo me queda Esforzarme.

Con ese pensamiento estuve trabajando durante meses. En días alternos, asistía con June a una cafetería local. Tal como él lo había dicho, el salario era bueno y no era muy concurrido, así que la carga de trabajo era bastante moderada.

En otras circunstancias, me habría quedado satisfecho por mi esfuerzo, pero soy muy consiente que eso no me acercaría a lo que buscaba. Es por eso que los días libres los dedicaba a trabajar como ayudante de cartógrafo en la agencia de los tíos de Celia. Ayudaba con las tareas de la universidad de mi hermana más joven. Cuidaba perros. Ayudaba al equipo de beisbol de la zona como utilero.

Con tantas tareas, una encima de la otra, me vi en la obligación de planificar bien mi horario. No podía permitir fallar en alguno o mi tiempo para conseguir mi deseo se extendería a lo indefinido.

Mientras que por un lado hacia una lista de tareas diarias:

5:30 Despertarse

5:55 Preparar el terreno de beisbol

6:35 Pasear a los perros (4)

7:00 Ir a la escuela

12:20 Repasar alumnos (5)

15:40 Ir a la agencia

18:20 Pasear a los perros (otra vez)

18:45 Recoger el terreno de beisbol

19:05 Volver a casa

Por el otro estaba:

Trabajar como utilero $7 diarios

Trabajar paseando perros $3 diarios

Escuela -$5 diarios

Casa -$14 semanales

Repaso $3 eventual

Trabajo en la agencia $315 mensuales

Trabajo en cafetería $355

Total $706- $742 mensuales

«Si contamos que el viaje a Egipto, son más de $12000. Uff―»

Dejo escapar un profundo suspiro mientras miro las ganancias de los últimos meses en la pantalla de mi teléfono. Por primera vez, veo los beneficios de contar con un teléfono que almacene tanta información importante para mí.

Como aspiro a convertirme en un arquitecto relevante, visitar los lugares conocidos como las siete maravillas se ha vuelto una prioridad. Por ese motivo, incluyo en el viaje una octava maravilla. Se trata de una de las antiguas, las pirámides.

Actualmente cuento con menos de la mitad de ese dinero, pero no me desanima saber esto. Después de todo, desde un comienzo supe que era una tarea difícil.

Gracias a la ayuda de Celia, al reunirme con sus tíos, y de June, ausentándose en algunas ocasiones para que mi sueldo aumente, mis ganancias aumentan mejor de lo que pensaba. Quizá, pueda conseguirlo para el próximo año. Es bueno saber que puedo contar con su buena voluntad. Aunque tengo dudas de si lo que hace June se pueda llamar así.

 

▲ ▼ ▲ ▼ ▲

 

El día de hoy tengo pruebas. Además de ser un entusiasta trabajador, también soy un estudiante inspirado, por lo que no debo descuidar uno de mis deberes para garantizar el otro. Por suerte, los repasos que estaba dando recientemente me ayudaron a prepárame mejor y puedo decir con confianza que no tendré problemas el día de hoy.

Nuevamente, me dirijo a la escuela y me encuentro con mis amigos. Desde aquel día que visitamos la colina, los temas relacionados con los misterios, la historia y la arquitectura de la ciudad se han vuelto más comunes. Me alegro mucho de haberles contado a Celia y a June mis recientes intereses.

―Decidiste a que escuelas iras entonces. Hay varias universidades que pueden interesarte. ―Celia se adelanta, como siempre, y me pregunta mientras vamos camino a la escuela.

―Pienso en la universidad local, pero si tuviera que elegir, preferiría alguna que conceda posibilidades de viajar a muchos lugares ―yo le respondo después de pensar en las opciones que tengo.

―Creo que pides demasiado, Kevin ― pero, June se muestra pesimista.

Personalmente, creo que una escuela en donde gaste el menor dinero posible para sustentarme y pueda tener posibilidades de excursiones sería lo ideal. Aunque, si soy realista, son pocas las opciones que me podrían otorgar esa facilidades. Para conseguir eso tendría que volverme parte de la elite en una especialidad.

―Podría probar en INTERRES ―Celia consigue mi atención con ese comentario―, es una compañía que se dedica a investigar fenómenos a nivel mundial y siempre está buscando personal. Al tener sucursales en todas partes debe tener facilidades para que sus trabajadores viajes. No es una universidad, pero es algo más parecido a lo que tú quieres.

―Oh, suena interesante. No lo había pensado.

INTERRES es una compañía llena de misterios. Ha estado envuelta en varios escándalos y juicios por temas relacionados con la colonización del espacio, clonación e intervenciones en varios países, pero casi todos sus casos se han resuelto por la vía legal, obteniendo la victoria la compañía. Recientemente, escuche que estaban investigando la alteración genética y proporcionaron la fórmula para generar materiales más resistentes contra los rayo UV. Incluso fueron capaces de acercar una sonda espacial al sol.

―Puedo visitar la sucursal de la ciudad y preguntar si buscan personas como yo.

Teniendo los planes para el día de hoy definidos. La visita la pospuse para tres días después. Esta vez fui solo y conseguí que me atendiera una trabajadora de personal.

―No soy estudiante universitario, pero no tengo problemas en ejercer un curso en línea…

―Eso no es importante. ―la señora pelirroja de unos 40 años interrumpe mi explicación y sigue llenando los papeles con cada respuesta que le doy―. Rellene estos documentos y entrégueselos a Ross.

Con esa simples orden me dirijo a un salón con un letrero en la puerta que dice “Reclutamiento”. En cuanto entro, me encuentro con un joven elegante sentado en uno de los dos asientos del salón. Entre el asiento vacío para los invitados y el suyo hay una mesa.

―Tome asiento. ―Con una sonrisa calmada me muestra el puesto libre y me siento en silencio―. Le haré unas preguntas mientras relleno su formulario.

Yo asiento suavemente y desvío la mirada al papel que tiene en la mano. Después de realizar unos precisos movimiento con su bolígrafo, el hombre elegante levanta su mirada de la mesa y la dirige hacia mí.

―La empresa INTERRES tiene como prioridad garantizar que todos los fenómenos desconocidos sean estudiados, utilizar el conocimiento para producir efectos beneficiosos y esparcir su utilidad por todas partes. Todo esto por el beneficio de la humanidad. ¿Qué parte le resulta más interesante de nuestros propósitos? ―con una sonrisa segura, el sujeto me comienza a leer el texto escrito en la hoja de papel.

«Ustedes sí piensan en grande ¿verdad?»

Yo vine aquí para viajar con facilidad por el mundo. No tengo grandes metas como trabajar en una compañía grande para volverme una persona influyente ni un famosos investigador. Tampoco pretendo convertirme en un trabajador del monto, si pienso de esa manera definitivamente no seré contratado por INTERRES.

―Tengo un especial interés en la expansión de la compañía ―respondo con confianza y el sujeto mantiene su mirada calculadora―. Mi sueño es visitar las construcciones más importantes del mundo e investigar su historia y su arquitectura.

Lo mejor es responder con honestidad. Después de todo, estoy orgulloso de mi habilidad para interesarme este tipo de cosas.

El sujeto me sigue mirando complacido y escribe algunas cosas en la hoja. Luego, con un entusiasmado ―Bueno ― sigue su encuesta.

Durante los 10 minutos que duró la entrevista, me estuvo preguntando varias cosas que podía considerarse importantes para el trabajo, pero había otras que no.

Cosas como “¿Vives solo?”, “¿Alguien sabe que viniste a INTERRES?” o “¿Trabaja para otra compañía?”

Aunque parezca preguntas extrañas, en defensa de INTERRES, es una compañía con bastantes retractores, así que debe saber un poco de la vida personal o laborar de quienes contrata. A pesar de lo incomodo que me sentía con que indagaran tanto en mi vida, respondí cada una de las preguntas que hacía.

―Así que está buscando trabajo sin consultarlo con su familia ―el sujeto que, aunque sé su nombre todavía no se presenta, medita mientras coloca su mano derecha en el mentón―. Está bien, Kevin. En una semana le informaremos por correo, a que agencia se debe dirigir.

«Por su sonrisa calmada imagino que todo salió bien»

Me siento aliviado recibir esa respuesta. Me levanto del asiento y me despido de señor Ross extendiendo la mano. Este devuelve el gesto y no damos un pequeño apretón. Si tengo suerte, esta puede ser mi primera entrevista exitosa.

 

▲ ▼ ▲ ▼ ▲

 

La semana pasó volando y tal como dijo Ross, una notificación llega a mi correo. Era de parte de INTERRES.

El mensaje está encabezado por unas breves felicitaciones por ser contratado por la compañía. Luego le sigue una descripción del puesto que encontraron que pueda corresponder con mis capacidades.

«Esto es una muy buena oferta ¡Casi parece una estafa!»

Comienzo a asustarme al ver tantos beneficios puestos en mi contrato, pero a la vez, empiezo a considerar abandonar la escuela y ponerme a trabajar.

«Para que den tan buenos trabajos sólo con hacer una entrevista. ¿INTERRES no estará perdiendo dinero contratando a cualquiera?»

 

▲ ▼ ▲ ▼ ▲

 

―¡¿Todo eso?!

El día de hoy asistiría a la firma del contrato y los detalles de mi futuro nuevo trabajo. Hoy me presento a la escuela en uno de los pocos días que me queda como estudiante y después de hablarles del correo que recibí, June salto de su asiento.

―Eso es…impresionante. ¿Estás seguro de que esa era la cifra? ―Celia se ve desconfiada cuando escucha mi pago y las condiciones de mi contrato. Entiendo que este preocupada, yo también lo estaba cuando lo vi.

—Lo verifique con el propio señor Ross. Según él, mi sueldo compensará mi trabajo.

—Con esas cifras yo me comenzaría a preocupar por lo que me mandaran a hacer —June comenta preocupado y Celia asiente a sus palabras.

—De eso se trata la visita de hoy. Todavía no soy oficialmente un trabajador de INTERRES. Por supuesto, si el trabajo es demasiado no pienso aceptarlo.

—¿En serio? —Celia me mira con sospechas—. Estoy segura que harías lo que fuera si te permiten viajar por el mundo.

—Ugg.

Lamentablemente no pude negar sus acusación. Estoy preocupado que mi juicio se vea afectado por una buena posibilidad de conseguir cumplir mi sueño.

—No te preocupes, linda. Kevin es un tipo inteligente. No se va a dejar engañar por nadie. —June se acerca a Celia y le pasa el brazo por la espalda con suavidad.

Fue una sorpresa para mí cuando me enteré, pero al parecer, estos dos consiguieron llevarse bastante bien en estos últimos meses. Ahora son pareja y si no fuera por la desagradable mirada que tiene June, habría pensado que se ven bien juntos.

«No sé si alegrarme o preocuparme».

Después de una corta despedida a la salida de la escuela, me dirijo a mi entrevista. Apenas es medio día y las calles de la ciudad están desiertas mientras las personas están en el horario de almuerzo. El calor comienza a indicar la llegada del verano y el final de mi año escolar.

«Si todo marcha bien, este puede ser el comienzo de una agradable vida».

Camino confiado hasta la parada del ómnibus y después de esperarlo un tiempo, este me lleva hasta mi destino. La entrevista es a las 2 de la tarde, así que tengo algo de tiempo para almorzar, pero esto tan nerviosos que prefiero asistir con el estómago vacío y evitar accidentes desafortunados.

—Hah —dejo escapar un largo suspiro mientras veo a la recepcionista buscar mi nombre en la pantalla de su computadora.

—Aquí está. Señor Kevin, ¿verdad?

—Sí —respondo con dudas tras ser llamado “señor” por primera vez en mi vida. Apenas termino la escuela y ya me tratan como un hombre adulto.

—Espere junto a los otros a que lo llamen —la recepcionista me indica un grupo de personas sentadas a un costado del salón principal.

Yo asiento en agradecimiento y me dirijo a uno de los asientos libres. Entre las personas reunidas en este lugar hay dos mujeres jóvenes adultas de mayor edad que la mía, un hombre de mirada seria y cuatro jóvenes, dos chicas y dos chicos. Ellos parecen ser de mi edad.

Todos permanecen en silencio excepto los cuatro jóvenes que se pasan haciendo comentarios absurdos de quien ganaría entre una lagartija y un gorila gigantes. De vez en cuando, levantaba la mirada a ese grupo cuando una de las chicas alzaba la voz sin necesidad.

—Escuchen todos —La recepcionista se nos acerca—. Ahora pasaran al fondo del pasillo hasta que lleguen al elevador. En el 64to piso los esperan para su entrevista.

De uno en uno, todos vamos abandonando nuestros asientos y nos dirigimos al final del pasillo, tal y como la secretaria nos indicó.

Una vez en el elevador, el hombre que viene solo presiona el botón del piso al que vamos y el elevador cierra sus puertas. Ahora que somos ocho personas en un espacio tan pequeño, me doy cuenta de lo ansioso que estoy ya que no puedo moverme con libertad.

Los cuatros chicos de mi edad continúan su conversación con aparente confianza. El hombre está cerca del panel con los brazos cruzados y golpeando ligeramente su zapato contra el suelo. Cada una de las mujeres está revisando algo en su celular.

Para aliviar la tensión, yo también saco el mío y como no tengo nada que hacer con él, entro en mi cuenta bancaria para calcular mis futuros gastos. Nunca imagine tener tanto dinero a mi disposición, pero eso no una buena razón para no controlar las cosas que hago con él.

«Si todo marcha bien, deberé ahorrarme más de la mitad de mis gastos en los próximos años. También debo empezar a considerar lo que representa vivir en otro país. Ahora que lo pienso, creo que no he investigado lo suficiente. Si no consigo el trabajo…»

En el piso 12 el elevador se detiene y las puertas se abre. Detrás de estas hay 5 sujetos vestidos de traje negro. Parecen ser guardias de seguridad ya que están armados. Al menos eso es lo que pensé hasta que esas armas nos comenzaron a apuntar a nosotros.

No soy yo solo, todos en el elevador contenemos el aliento. La piel se me eriza mientras dos de eso tipos entrar al elevador con bolsas oscuras en su manos.

«¿Qué está sucediendo?»

—Coloquen todo lo que no sea su ropa en estas bolsas —esto lo dice un “guardia de seguridad” después de arrebatarles el teléfono a las dos mujeres.

Los cuatro chicos retroceden asustados por tener un arma apuntándoles. El señor, desde su lugar, intenta avanzar, pero el otro sujeto que entró en el elevador lo detiene de inmediato.

Instintivamente, Yo sujeto mi teléfono con fuerza. Los sujetos que quedan fuera del elevador, lo notan y uno de ellos se acerca.

—¡EH! No escuchó lo que se le dijo. —Con un poderoso rugido, ese sujeto me sostiene la mano en donde tengo mi celular.

«NO, no. ¿Qué quieren estos tipos? ¿Esto es un robo?»

—Suéltalo.

—¡No!

«¿Por qué intentarían robar aquí? ¿Qué es esto? ¡¿No tiene sentido?!»

Sujeto el teléfono con toda la fuerza de mis manos. Siento que si lo suelto lo perderé todo. Me siento muy intranquilo dejándoselos a estos sujetos.

—Vamos chico, hazle caso —me dice el hombre que hace un momento se detuvo de defender a las mujeres.

«¿Por qué debo hacerte caso? ¡¿No sabes lo que me costó conseguir todo esto?! ¡¿No pienso dejar que me lo quiten?!»

El sujeto pone más fuerza en mis manos y siento como algo se empieza a quebrar entre mis dedos -Crack-. Se sigue rompiendo cada vez más, hasta que mi teléfono; el lugar donde estaba todo lo referente a mi dinero, planes, segundas opciones e itinerarios de viaje; queda partido en dos en mis propias manos por un corte diagonal.

Algunos pedazos de componentes caen al suelo y el resto se queda en mis manos. No hago nada más que mirar al suelo, mientras veo como los restos de mi esfuerzo se dispersan por el suelo.

«…»

—…ah.

—¡Lo ves! Si me lo hubieras entregado, esto no habría pasado —alguien dice eso, pero ya no estoy seguro de quien fue.

Mi mente se está oscureciendo. Mi vista se está oscureciendo. Desde mis dedos adormecidos me llega una sensación punzante y algo liquido se escurre de mi mano.

Yo… yo me estoy moviendo, pero no sé lo que estoy haciendo. Pasa algo de tiempo hasta que, por fin, mis ojos me ofrecen información de lo que sucede a mi alrededor.

Lo que ven mis ojos… Lo que yo estoy viendo es…

—¡William!

Lo que estoy viendo… es la cara de sufrimiento de uno de esos sujetos, el responsable de mi desesperación, mientras le perforo el cuello con lo que queda de mi teléfono. No sé quién se horroriza más con esto, si yo o sus compañeros o el resto de personas a mi alrededor.

—¡William! —uno de eso tipos me empuja.

Libero los restos del celular que permanecen incrustados en el cuello del sujeto. Aunque lo hice, todavía tengo la sensación de perforar algunos músculos y huesos en mis manos. Permanece en mi mente.

—¡Resiste, colega! ¡Resiste!

El tipo que me empujo intenta presionar la herida de aquel sujeto. Mientras tanto, yo permanezco sentado en el suelo, apoyado a la pared del elevador.

—No, no, no, no ¡No! —el tipo grita y luego me dirige una mirada airada.

Yo le respondo con la misma mirada, pero esta actitud desafiante lo incita a apuntarme su arma con la mano que le queda libre. En apenas un pestañazo, ese tipo me dispara.

—¡Tim, no! —alguien lo intenta detener, pero la bala ya llegó a mi pecho.

—¡Aaah! —una de las mujeres chilla desesperada. La otra intenta correr fuera del elevador, pero la detiene un sujeto que permanece fuera.

—¡Le disparó!

—¡Nooo!

Los chicos se empiezan a desesperar.

—¡¿Qué has hecho, desgraciado?!

El hombre ruje mientras se abalanza al tipo.

Yo no puedo respirar por el dolor.

—¡Cállense todos! —el tipo pierde el control y responde disparando al hombre. El que lo está sujetando se queda sin palabras.

La mujer que está sujeta por el tipo que está fuera del elevador enloquece y comienzan a forcejear.

—Parece que no podremos negociar —dice el sujeto que está más cerca de la otra mujer y apunta su arma directamente a esta—. Los trataremos como desperdicios —y después de declarar esto -Banm- le dispara a la mujer en el pecho.

Los chicos gritan desesperados, pero antes de que puedan moverse reciben los disparos de esos sujetos. Estoy siendo testigo de esta escena inexplicable mientras mi conciencia se va perdiendo poco a poco.

«¿Qué está pasando aquí?»

Los gritos de dolor de esas personas llegan a mis oídos, pero apenas puedo mover mis dedos. Mi respiración se entrecorta y mi cuerpo se vuelve frio. Ya no me molesta el dolor del pecho.

«¿Esto es algún sueño extraño?»

Mis ojos siguen abiertos, pero ya no soy capaz de ver nada. No puedo oír nada. No puedo sentir nada.

«¿Por qué me siento tan débil?»

«¿Por qué…?»