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Arco 2 historia principal

Capítulo 14: El amigo de Valeska

El tiempo que Valeska y los chicos disponían hasta la reunión con el Gobernador era incierto, pero no les llevaría más de un mes. Por lo que, debían darse prisa si estaban dispuestos a aprovechar la oportunidad de encontrase en la capital.

Antes de que llegaran, se había hecho el acuerdo de visitar a Lubomir. Este era un antiguo colega de Valeska, según lo que ella había mencionado. Aunque, tras ver su entusiasmo por la visita de hoy, Sarian comenzó a imaginarse que tipo de relación llevaban estas dos personas.

—…Lubomir era del tipo de personas que te sorprenden. Yo siempre estuve al mando de personas valientes y orgullosas, pero, aunque él no era nada de eso, sus acciones imprudente eran lo más sorprendente que vi. Incluso yo, siendo la general de un gran ejército, me sentía orgullosa de tener esa persona cerca.

«M-madre Valeska. Tu historia es conmovedora, pero se ve que estás muy encariñada con ese Lubomir».

Sarian le había preguntado por curiosidad sobre ese viejo amigo suyo y terminó arrepintiéndose después de los primeros veinte minutos de la historia.

Según Valeska, ese sujeto llamado Lubomir apareció durante una de sus expediciones exterminando las criaturas de la fronteras con Ruth. Lubomir era un mercenario que acompañaba a un grupo de 7 personas en la búsqueda de plantas comestibles. Esta razón hizo que Valeska dudara del grupo y los atrapó, acusándolos de ser espías del país vecino. Unos días más tarde, el ejercito de Valeska fue sorprendido por un enjambre de águilas “rojas” gigantes.

—Después del primer ataque recibimos cerca de 50 bajas y algunos otros compañeros fueron arrastrados por esas bestias y desaparecieron. Al final, los dimos por perdidos, haciendo que las bajas ascendieran más de 100.

Valeska miraba a los chicos con dolor tras rememorar ese triste recuerdo. Al parecer, esta historia se trataba de uno de sus más grandes fracasos como general y todavía tenía una marca de aquel suceso.

—En la noche, uno de los prisioneros solicitó una audiencia ante mí y aunque al principio lo ignoré, me convenció que mencionara la águilas “rojas”.

El prisionero se presentó como Lubomir y confesó que su objetivo principal era exterminar la plagas de águilas rojas que merodeaban la zona.

—Al principio, me ofendí por tratar de engañarme de forma tan descarada. ¿Cómo era posible que enviaran aun grupo de 8 personas a enfrentar esas bestias? —Valeska se mostraba frustrada, a pesar de que se trataba de una historia antigua.

Lubomir le explicó que habían mentido en sus objetivos ya que era poco confiable que un grupo tan pequeño estuviera exterminando águilas. Valeska todavía recordaba como él se burlaba de que la escusa no evitó que fueran sospechosos.

—Cuando vi a ese sujeto debilucho, mirándome con miedo y afirmando ser capaz de enfrentar esos monstruos, sentí que me hervía la sangre. No voy a negar que en aquel momento pensé decapitarlo con mis propias manos… pero me alegro de no haberlo hecho.

«¡Espera, madre Valeska! Decapitarlo, y con tus manos. No serías capaz, ¿verdad?»

—Decidí darles una oportunidad, así que, al otro día, puse a los 8 en el frente de la batalla.

«¡Eso es igual de malo!»

—Sabes cuantas bajas hubo, Sarian. —Valeska miró emocionada como el chico sacudía su cabeza interesado—. Cero. Ninguna.

—Oh.

El plan se llevó a cabo antes del amanecer. Lo primero que había hecho el grupo de prisioneros fue colocar pequeños cristales en un área alrededor del ejército. Necesitaron muchos más cristales de los que habían anticipado ya que necesitaban rodear a un ejercito cuando tenían la cantidad suficiente como para 8 personas. Ese fue el momento en el que Lubomir debía lucirse. En apenas unas horas habían completado un total de 200 kg de cristales. Los necesarios para abarcar un área de 100 metros de diámetro.

—Cuando el enjambre nos atacó ya estábamos preparados. El ejecito se colocó en el centro del círculo y los cristales hicieron el resto. ―Valeska suspiro de emoción—. Inexplicablemente, las águilas comenzaron a caerse una a una y morir por el daño de la caída. Mis compañeros estaban atónitos con el resultado e imagino que yo tenía una mirada similar.

 

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Después de aquel recuerdo, Valeska sintió la necesidad de visitar a su amigo y terminó arrastrando a los chicos a su viajes. En realidad, esta fue su intención desde antes de venir a Zarco.

—Eh, señorita Valeska, puedo preguntarle ¿por qué los acompaño? —La chica llamada Boza y con traje de mucama preguntó después de dar un vistazo por la ventanilla del coche.

—Es muy simple, Boza. Sarian me quiso acompañar, Mira quiso venir con él. Además, Rade debe venir. No quiero quitar del tiempo que pases con ellos.

«Espera ¡¿Cuándo dije que quería venir?!»

Sarian pensaba intervenir, pero como ya estaba en el carruaje y camino a la casa de Lubomir, quejarse no revertiría la situación.

—Igualmente debo trabajar en la casa. No voy a estar todo el tiempo con ellos. Quiero decir, con mi hermana ¿Por qué incluye a esos dos?

—Mientras estemos de visita en Zarco puedes tomarte un descanso.

—P-pero. —Boza se sintió incómoda por el trato que recibía. Valeska le había dado la oportunidad de comenzar su vida como una trabajadora honrada en su casa y le garantizo su seguridad cuando la aldea le había puesto los ojos encima a su poder. Aun así, si eran órdenes de la propia Valeska, entonces no tenían ningún sentido replicar.

Por cierto, en cuanto Boza pensó en eso, un malestar se apoderó de su cuerpo. ¿Les había agradecido a los chicos?

Valeska actuó tras su expulsión, pero fueron ellos quienes intentaron salvarla al principio. Después de la demanda de Vladimir, el mundo de Boza cambió repentinamente. Su habilidad personal le trajo problemas, tal y como se lo había dicho su madre, y su destino a partir de ese momento cambio a peor. Su cortos tres años se los arrebatarían en instantes y no podía hacer nada para impedirlo.

—Hermana, y tú. G-gracias.

—Eh. —Sarian se sorprendió de este repentino gesto. A su lado estaba Mira, sonriendo con dulzura, pero él no podía hacer lo mismo.

«¿Gracias? ¿Por qué?»

Después de meditarlo por un tiempo, el chico se dio cuenta de las intenciones de la joven,

—Ah, no hace falta —y respondió avergonzado.

—No hace falta que agradezcas, hermana. —Mira, por su parte la animó a detener su gesto.

—Claro que debo. I-incluso a ti. Gracias. —Esta vez se dirigía al joven a su lado.

Rade sonrió orgulloso y respondió: —De nada —mientras cruzaba sus brazos y sacaba pecho.

Esto molesto a la joven que volteó la cabeza disgustada y se alejo hasta el extremo del asiento.

—Ahora que lo pienso. Tú no hiciste nada.

—¡¿Qué?!

Y comenzaron a discutir de quien era la culpa del fracaso del plan.

«¿A quién se le ocurrió sentar a estos dos tan cerca?»

Sarian suspiraba mientras se fijaba en lo que se podía considerar una discusión de pareja. Aunque estos dos eran diferentes a aquellos dos, Sarian recordó a los compañeros que dejó en su otro mundo.

«¿Todavía estarán juntos?»

Cada vez que pensaba en lo que sucedió hacía apenas unos meses, las dudas lo comenzaban a atacar continuamente.

¿Qué pensarán de mi muerte? ¿Qué habrán dicho mi padre y mis hermanas?

A esas dudas le podía dar una respuesta coherente. Sarian, o Kevin, era un buen chico. Él no tenía una mala opinión de si mismo, así que lo más probable era que sus familiares y amigos tampoco. Lo correcto sería pensar que todos ellos estarían bastante triste e impactados por su repentina muerte.

Pero…

La mayor duda seguía rondando su mente sin encontrar una respuesta suficientemente buena.

«¿Qué fue lo que paso el día de la entrevista?»

Concretamente ¿Qué fue todo eso?

Sujetos armados y matando civiles indiscriminadamente. El hecho que este muerto. El hecho de que todos estén muerto confirma que esa fue la intención de esos sujetos.

«¿Qué hicimos para que nos asesinaran?»

De todo lo que recordaba Sarian. Lo único que desconocía, era del crimen que el cometió. Asesinar una persona. Aun así, sus manos se sacudían cuando tomaba un arma.

Cerrando sus manos continuamente, Sarian se sacudió dentro del carruaje cuando este se detuvo. Desde la ventanilla a su izquierda se podía ver las casas de la ciudad. Entre ellas estaba una que recordaba después de que se la señalaran el día anterior. Se trataba de la casa de Lubomir.

—Llegamos.

Con esas palabras, Valeska se levantó de su asiento y comenzó a descender del carruaje. Su movimiento veloz y su sonrisa traviesa le daba un aspecto juvenil, alejado de su verdadera edad. Valeska era la más entusiasmada con esta visita.

Sería decepcionante que su amigo no se sintiera de la misma forma. Aunque, por la actitud de Valeska, se podía ver que en la relaciona de ambos había mucha confianza.

«Creo que madre Valeska tiene un amor secreto por ese Lubomir»

Sarian suspiró con ese pensamiento mientras veía caminando a su madre. Valeska ni siquiera se molestó en verificar si los chicos la seguían cuando llego hasta la puerta y la tocó con firmeza. Detrás de ellas llegaron los chicos y se reunieron en ella.

—Así que esta es la casa del señor Lubomir. —Boza preguntaba con sorpresa.

—Conoces a Lubomir —Sarian le preguntó sorprendido.

—Ah, sí. Una vez visitó la casa.

—Y ¿cómo era?

—Eh… extraño. Llegó agitado preguntando si la noticia de la vuelta de Valeska era cierta.

«Ya veo. Estaba emocionado también».

—Cuando supo que era verdad… se fue horrorizado.

«¡Entonces no está emocionado! ¡¿Qué le hiciste, madre Valeska?!»

Sarian intentó advertirle a su madre de lo que había imaginado, pero ella insistió en tocar la puerta con más fuerza, así que su voz no la alcanzó.

—¡Eh, Lubomir! ¡¿Qué esperas para abrir la puerta?! —los golpes se intensificaron con cada gritó— ¡No sabes que debes atender a la puerta cuando la tocan!

—No estoy aquí. —Después que se cansó de tocar por un momento, una pequeña voz detrás de la puerta dijo algo absurdo.

El rostro enojado de Valeska era la muestra de lo que se avecinaba. La puerta dijo adiós con una patada de la señora con la ayuda de su magia. Una columna de polvo y aserrín se propagó por el lugar, pero esto no detuvo a Valeska de ingresar en la casas sin el permiso del dueño.

—E-espera, madre Valeska. No debe hacer eso. —Sarian trató de detenerla.

—No te preocupes, Sarian. Esto es algo habitual entre nosotros.

—¡Igualmente! ¡No es algo que debas hacer!

En sólo cinco minutos, Valeska consiguió superar todas las trampas que aparecieron en el camino y encontrar a Lubomir agachado debajo de la mesa de la cocina. Su apariencia era lamentable. Se cubría la cabeza con sus manos y sus piernas se sacudían.

—¿Qué haces ahí abajo, Lubomir? —Valeska se acercó con elegancia hasta la mesa y miró al señor encogido de abajo.

—V-Valeska. V-viniste.

—Claro. Te quería saludar.

—E-entiendo. No hacía f-falta. —Lubomir trató de calmarse y se atrevió a salir de su “escondite”—. Tus cartas llegaban a diario, así que prácticamente, no perdimos contacto.

«¡Diarias!»

Sarian se tuvo que llevar una mano a la cabeza por la impresión. Mientras, Valeska se colocó de frente a Lubomir y dejó caer su brazo en uno de los hombros.

—Me alegra ver que estás bien, Lubomir.

—Sí. Yo también me alegro de estar bien —él le respondió mirando hacía la entrada de la cocina. Justo afuera, había un rastro de destrucción.

—Por cierto, las trampas de las puntas saliendo del suelo y los cristales que adormecen eran bastante aburridas. No parecían trampas hechas por ti, Lubomir. —Valeska le mostraba una mirada inconforme—, pero el techo desplomándose y la habitación explosiva si fueron muy emocionantes. Deberías probar algo así a gran escala —ella agregó mostrando una brillante sonrisa.

—¿Techo desplomándose? ¿Habitación explosiva? ¡¿En dónde rayos entraste, Valeska?!

Al parecer, estás no fueron las trampas sino los efectos destructivos de la propia Valeska los que lo provocaron. El que llevó las manos a la cabeza cuando lo descubrió fue Lubomir.

La mitad de la casa se había destruido.

 

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Cuando los chicos ya se empezaban a lamentar por la actuación alocada y totalmente inesperada de Valeska, insistieron en disculparse con Lubomir, pero para sorpresa de todos, Lubomir respondió indiferente:

—No se preocupen, esta es sólo la fachada.

Efectivamente, unos cientos de metros detrás de esta pseudo casa se encontraba la vivienda verdadera de Lubomir. A diferencia de la que había quedado media destruida, la otra era más grande y estaba centrada en un enorme terreno cubierto de vegetación.

Básicamente, la pseudo casa se encontraba a la entrada del terrero que Lubomir poseía.

«¿Por qué es que…?»

Sarian tenía mucho que decir al respecto, pero sintió miedo de que la respuesta lo perturbara. Después de todo, la pseudo casa estaba llena de trampas. Así que se podía pensar que el verdadero propósito de su existencia se debía a la protección de Lubomir.

—Señor Lubomir, ¿Por qué tiene una casa tan extraña?

Por supuesto, Mira no era tan discreta como el joven y soltó su pregunta sin considerar ningún inconveniente mientras levantaba la mano con entusiasmo.

—Ah, eso… —Lubomir sonrío con la curiosidad de la chica—, es para evitar a los cobradores de impuesto —y respondió con una sonrisa descarada en su rostro.

Sarian lo miró abatido y desvió su mirada hacia Valeska que no parecía molesta con la declaración de este delincuente.

—Bueno, ya que Valeska destruyó la casa, aunque le dije que no había nadie, tendrán que acompañarme hasta la casa para darle un buen recibimiento.

Con la guía de Lubomir y usando una salida trasera, Sarian, Valeska y los chicos llegaron a la casa real. A diferencia de la pequeña vivienda rodeada de casas vecinas, esta tenía jardines y espacio de sobra por los alrededores.

Llamarla mansión podría considerarse como algo correcto, pero al están comprendida por una casa relativamente normal en cuanto al tamaño y con una enorme construcción similar a un almacén a su lado, “fábrica” sería la forma correcta para referirse a la vivienda.

Valeska se había tomado el tiempo de explicarle a los chicos antes de que llegaran a este lugar. Lubomir trataba a sus huéspedes en la casa mientras que su tiempo de ocio lo gastaba en el almacén.

Al tratarse de la visita de una conocida, Lubomir los llevaría a su casa, pero Sarian sintió un ligero interés por lo que estaba ocurriendo detrás de las paredes de ese almacén. Desde que estuvieron lo suficientemente cerca, los ruidos del vidrios crujiendo, el metal siendo golpeado y el agua gorgoteando se hicieron más intensos. Era bastante evidente que venían de ese lugar.

—Disculpe, señor Lubomir.

—¿Sí? —Lubomir se volteó confundido buscando el dueño de la voz.

—¿Qué es ese ruido?

Sarian pensó preguntarle directamente por el propósito de la fábrica, pero lo consideró maleducado de su parte. Así, fingiendo ser un chico curioso hizo una pregunta que le daría una respuesta parecida.

—Ah, ¿hablas del ruido del taller? Son mis colegas experimentando con al Mreba.

—La Mreba, ¿ese líquido qué sale de las plantas?

—¿Las plantas? Querrás decir, la tierra.

—¿Tierra?

Los dos se miraron confundidos. Esta era una de esas ocasiones cuando dos personas desconocían de lo que le hablaba la otra. Lo mejor para esto es que alguien interviniese, y la que tomó esa función fue Valeska.

—Sarian, la Mreba que llega a la ciudad se trae de las minas de la isla de Mreba. Si la sacaran de las plantas, no alcanzaría para abastecer todos los territorios.

—Oh, así que la extraen de las minas. —Sarian se llevó la mano a la barbilla mientras pensaba «Debe ser algo parecido al aceite animal y vegetal. La diferencia sería que se trata de productos venenosos»—. Eso parece ser un trabajo riesgoso.

—¿Por qué dices eso? ―Lubomir no pudo evitar responder al murmullo del chico.

—¿Por qué? Pues por el veneno.

—Ah, ¿por eso? No hay problemas. La Mreba que llega a Lazvad ya fue purificada y no es peligrosa.

—Así que la refinan ¿eh? Tal vez Jur pueda interesarle esta información ―Sarian murmuro emocionado—. Señor Lubomir, ¿usted conoce cómo realizar el proceso de purificación?

—Bueno, tengo algunas notas, pero nunca lo he intentado, pero ¿para qué quieres saberlo? —Lubomir entrecerró sus ojos con curiosidad.

—En la aldea, los cosechadores de Mreba están todo el tiempo enfermos después de extraerla de las plantas…

—En tu aldea —La sorpresa de Lubomir lo llevó a detener la marcha y voltearse completamente a donde estaba el chico—. ¿Me estás diciendo que allí saben extraerlo de las plantas?

—Ah, sí. —Sarian se sentía abrumado por la actitud del hombre, pero al final, acabó asintiendo.

—Acompáñame, joven. Hablemos en el taller.

—En serio —Sarian respondió emocionado mientras se enorgullecía de conseguir su objetivo.

Aunque su propósito inicial era conversar del taller por sus ruidos extraños, un tema secundario le otorgó el mismo resultado.

—Espera un momento, Lubomir —intervino Valeska mientras sujetaba el hombro del entusiasta señor —. No debes dejar a tu visita abandonada. Llévanos a tu casa.

—Emm, Uh… está bien.

y con los sonidos provenientes del taller de fondo, Lubomir finalmente accedió a llevar a la visita hasta su casa.

Aunque a la anterior la había llamado “casa falsa”, lo cierto era que esta era similar por fuera y por dentro. Casi parecía una copia. Si se tuviera que señalar alguna diferencia sería que esta tenía una habitación completa destinada a una biblioteca y que una de las puertas se dirigía directamente al taller a su lado. Además de la ausencia de trampas anti impuestos

—Por favor, siéntense.

Lubomir les ofreció un asiento a todos y después de que se acomodaran, Valeska lo miró enojada y finalmente dejó salir un suspiro.

—Lubomir, se supones que debes ofrecernos algo antes de sentarte en tu puesto.

—¿Ah sí? …de acuerdo —Lubomir respondió e inmediatamente se puso de pie—. ¿Qué les puedo ofrecer?―les preguntó mientras se frotaba las manos.

«Parece un traficante».

Mira se rio sin conocer la opinión del chico y Valeska mostró un gesto indudable de disgusto. Tanto Boza como Rade intercambiaban miradas con el resto.

—Tonto —respondió Valeska y se levantó de su puesto.

Nuevamente lo tomó del hombro y lo terminó arrastrando hasta la cocina. Los cuatro chicos los vieron irse sin comentar nada y cuando los dos adultos desaparecieron de su vista volvieron a dirigir su mirada al resto.

—Es un tipo bastante raro —dijo Rade.

—Mira quien habla.

—¡¿Qué quieres decir?!

—Chicos, paren —Mira los interrumpió antes de que se acaloraran y se giró para ver al chico en el puesto del lado—. Sarian, ¿no querías preguntarle al señor Lubomir sobre ese cristal?

—¿Ah? Es verdad. Lo había olvidado, Mira.

Durante el día anterior, Sarian recibió de uno de los sirvientes de la casa de Valeska llamado Thomas, un cristal que le permitía leer con mayor facilidad los libros de la biblioteca. Cuando él le pregunto a su madre, Valeska mencionó a su gran amigo y comenzó a contar su historia sobre Lubomir. Así terminaron haciendo esta visita.

—Gracias, Mira. —él le agradeció a la complacida joven y se levantó del asiento para dirigirse a la cocina.

Tras dar un par de pasos dentro de esta…

—Crees que comiencen una guerra.

—No vi movimientos del ejercito principal, pero si muchos anuncios para contratar mercenarios.

—Entonces, no se debe tratar de una campaña. ¿Qué opinas Lubomir?

En cuanto entró se topó con un ambiente pesado y una conversación seria y totalmente distinta al intercambio que habían ofrecido los dos señores en la sala.

—¿Sarian?

—Eh… yo…yo me voy.

Superado por el ambiente pesado, Sarian intento darse la vuelta al instante,

—Espera, es mejor que te quedes también, —pero Valeska lo detuvo―. Esto puede resultarte importante.

—¿A mí?

Valeska asintió y el chico no tuvo más remedio que quedarse. El que parecía dudar ahora era Lubomir que miró a su amiga con angustia.

—No me mires así, Lubomir. Mis hijos son responsables. Sobre todo, Sarian es muy listo.

—De acuerdo, Valeska.

Tras dejar escapar un profundo suspiro, Lubomir continuó con su conversación. En lugar de comenzar el tema retomó en donde se había quedado, pero con la conveniente intervención de Valeska, Sarian terminó comprendiendo más o menos de lo que estaban hablando.

Al parecer, la capital había tenido bastante movimiento de personal sospechoso por los alrededores en los últimos días. Lubomir los llamó mercenarios con seguridad ya que siempre se les veía reunidos cerca del cuartel general. Después de preguntarles a un par de esos sujetos supo que se trataba de una caza de recompensas.

—El objetivo es un criminal de clase negra.

—…

Tanto Sarian como Valeska escuchaban con atención a las frías palabras del hombre. Después de escuchar “clase negra”, el chico se vio forzado a traga saliva mientras se le erizaban los pelos de la cola. Él sabía que al igual que las bestias del bosque que rodeaba la aldea, los criminales eran clasificados por un color. Así que para formar parte de la “clase negra”, que es la categoría más peligrosa, debía tener un enorme historiar de delitos.

 —¿Sabes de quien se trata? El ejercito tiene un listado de los criminales más peligrosos del continente.

Pero Lubomir sacudió la cabeza.

—No parece alguien muy conocido por esta región. Todo lo que pude averiguar es que sería una operación conjunta.

—¿Conjunta? ¿Con quién?

—Con Ruth.

—Un país enemigo.

«¿El lugar del museo?»

—Bueno, no somos enemigos. Es sólo que no hay buenas relaciones.

—Eso díselo a mis colegas caídos.

—Entiendo tu punto y conozco bien las intenciones de los altos mandos de Ruth. Recuerda que yo vengo de allí. No todos estamos a favor de las hostilidades.

—… Lo sé. —Valeska sonrió ante la tensa expresión de Lubomir.

«Oh, así que Lubomir es de Ruth».

Ellos se conocieron mientras Valeska recorría la frontera. Lubomir fue capturado, después de recibir la confianza de la general y su ayuda consiguieron deshacerse de un enemigo común. Muchos años después, estaban aquí como grandes amigos. Por más odio que Valeska tenga hacía el país vecino, no podía señalar al otro país como su enemigo cuando Lubomir provenía de ese lugar*.

—Supongo que… tú tienes todo lo bueno de Ruth.

—¡Eso es una excusa para odiarlo! ¡Admite que no tienes motivos! —Lubomir le respondió de inmediato a la sonrisa siniestra de Valeska.

—No puedo admitirlos. Eres lo único bueno que he visto salir de ese lugar.

—… Valeska.

—Lubomir.

«¡Oigan! ¡Yo sigo aquí!»

—S-señor Lubomir.

—¿Sí?

—La verdad, quería preguntarle algo de esto. —Sarian usó su mano derecha para buscar en el bolsillo interno de su chaqueta.

Al abrir la mano le mostró la piedra de lectura que Thomas le prestó la noche anterior. Lubomir lo miró confundido mientras le daba un pequeño vistazo al cristal.

—Mi madre me dijo que usted sabía mucho de los cristales, así que vine a preguntar cómo es que funcionan. ¿Podría ayudarme con eso?

Lubomir se rasco el poco pelo de su barba y finalmente señalo una de las puerta.

—Entonces iremos al taller.

 

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La casa de Lubomir tenía dos pisos y el techo en cada una de las plantas superaba los dos metros y medio con facilidad. En taller era de una sola planta y tenía la misma altura que la casa, así que tenía un enorme espacio que ayudaba a refrigerar el ambiente cálido provocado por las tres calderas y los hornos del lugar.

Ahora que no había paredes de por medio, el ruido incesante del líquido borboteando se volvía más intenso. Dentro de las calderas estaba contenido una sustancia ámbar y los hornos eran utilizados por las 5 personas que se encontraban desde un comienzo trabajando en el taller.

Algunos de ellos extraían pedazos filosos de cristal ardiendo y con una impecable técnica les daban formas esféricas. Luego una persona agujereaba las esferas que tenía a su alcance y otra les vertías el contenido de algunas calderas con cuidado. Las esferas se sellaban con un poco más de cristal y se almacenan en el fondo.

Por supuesto, este proceso no sucedía en unos minutos, pero la explicación de Lubomir ayudo a visualizar la producción.

—Después de dos días, las orbes están listas para usarse.

Tras concluir su explicación, Lubomir se acercó al trabajador de las calderas que se encontraba de pie observando al resto de sus compañeros.

—Boguz.

—Oh, Lubomir. Veo que vienes acompañado.

El hombre de pelo naranja se inclinó para ver a los chicos y a Valeska detrás de Lubomir. Con un breve gesto de su mano los saludos y volvió a centrar su atención en el trabajo del resto.

—¿Cuántas orbes han hecho? —Lubomir se detuvo a su lado y dirigió la vista al mismo sitio.

—Hasta ahora llevamos 14.

—¿Algún resultado interesante?

—Nada. Esas mezclas no parecen ser efectivas —el hombre llamado Boguz le respondió dejando caer sus hombros.

—Qué pena. Esas orbes fueron costosas. —Lubomir se lamentó, pero inmediatamente le hizo un gesto a los visitantes para que se acercaran—. Por cierto, Boguz. Ellas es Valeska y estos sus hijos.

—Tonto, conocí a Valeska junto contigo. Ahora, lo de sus hijos… —Boguz miró atentamente a esos chicos con orejas y colas, y pensó por un momento lo que debía decir— ¿Son cuatrillizos?

—¡Idiota! Ni siquiera se parecen.

—¿Seguro? Todos son iguales.

—¡No lo son! Tu ves a todos igual.

—Si tu lo dices. ¿Cómo estás, Valeska?

—Buen día, Boguz. No parece irles muy bien en el taller.

—Ah, eso es porque este tonto lo hizo de nuevo. —Boguz no se limitó a señalar como el tonto a Lubomir.

—¡¿Qué estás diciendo idiota?! Si no hacemos esto, no podremos tener buenos productos para el mes que viene.

—Pero esto…

Al parecer las cosas no estaba marchando muy bien en el taller y el tiempo limite para un evento importante se estaba acercando. De la conversación no se podría conseguir información relevante que ayudará a Sarian a entender la situación, así que el chico sintió la necesidad de interrumpir a los adultos, aunque fuera considerado una mala educación.

—¿Qué va a pasar dentro de un mes?

—¿Eh? —Los dos hombres se voltearon hacía el chico, dirigiéndoles todo el disgusto de su discusión.

—Se trata de lo que hablamos en la cocina, joven. —Lubomir se adelantó mencionando lo ocurrido hacía unos minutos.

Ya sea porque no pensaba repetir el mismo tema o porque no quería mencionarlo frente al resto de chicos, Lubomir se saltó los detalles de la explicación:

—En el mes siguiente las ventas de orbes se dispararán. Es por eso que trabajamos en conseguir orbes interesantes y útiles.

—Ya veo. Así que ese es el propósito de este taller. Y ¿Qué esperaban conseguir?

—¿Esperábamos…?

—¿… conseguir?

Los dos hombres miraron con dudas a la pregunta del chico. Esto tomó a Sarian por sorpresa e intento repetir en su mente lo que había preguntado.

«¿Dije algo absurdo? No sé por qué me miran de esa forma».

—Joven, creo que entiendo lo qué quieres decir, pero antes te explicaré algo. —Lubomir se alejó por un momento y tomó un par de orbes.

Después de volver le acercó una de las orbes y el chico intento cogerla con cuidado al ver la mano de Lubomir temblando. Si las trajo de esa mesa, existía la posibilidad de que estuvieran calientes. Para su tranquilidad, estaba frío, de hecho…

—¡Esta muy frio! —El chico respondió de inmediato mientras se contuvo de dejar caer la orbe.

La sensación lo sorprendió al principio, pero no era algo insoportable, por lo que lo consiguió mantenerla en su mano.

—Así es. Este es un tipo de orbe que compré en el mercado hace unos días. Como puedes ver, pueden dar una sensación de fríos. —Sin detener su explicación, Lubomir le alcanzó la otra orbe que traía consigo.

—Oh, se siente un poco húmedo y ahora… siento más fr-r-io. —Sarian comenzó a temblar ligeramente y se abrazó el cuerpo instintivamente.

Esta era una situación extraña. Desde que había nacido hacía apenas unas meses, Sarian no había experimentado el frio en este mundo y lo único que podía contar para compara este sentimiento era su antiguo mundo. Si tuviera que determinar que tanto frio sentía, era similar a estar desnudo en pleno invierno de un país europeo.

—Sarian, ¿estás bien? —Mira se acercó preocupada y sujeto al chico por su brazo izquierdo.

«Incluso la mano de Mira se siente fría. Esto si es extraño».

Sin perder más tiempo, el chico devolvió cada una de las orbes a Lubomir y este las regreso a su lugar.

—Lo que acabas de sentir es el efecto de una orbe que enfría y una que aumenta la potencia —dijo Lubomir después de regresar y aclararse la garganta—. Estábamos trabajando en mezclar los resultados en un único orbe, pero…

—Fue un fracaso —Boguz interrumpió molesto.

«Entiendo. Estaban tratando de combinar los efectos de las orbes para crear algo que podría considerarse un arma y vendérselo a los mercenarios. Parecía una buena idea. Es una lástima que fracasaran».

—Te dije que nos enfocáramos en hacer más orbes tormento.

—Oh, esas orbes tormento —Valeska intervino emocionada.

—Idiota, ya existen contramedidas para esas, tenemos que preparar algo nuevo para entonces.

—Igualmente se siguen vendiendo.

—Eh, ¿Puedo preguntar sobre esas orbes “tormento”?

—Cierto… te estaba explicando algo, pero este idiota me interrumpió. ―Lubomir ignoró a Boguz y se volteó nuevamente hacía los chicos—. Las orbes tormento las conseguimos hacer hace unos cuantos años. Gracias a ellas conseguimos ser reconocidos en Zarco. —Después de aclarar este punto, Lubomir le arrojó a Sarian una orbe envuelta en tela que saco de su bolsillo.

Cuando el chico la atrapo y la tocó con cierta preocupación al nombre “tormento”,

«Esto marean mucho. Siento que me voy a caer».

Su cuerpo se llenó de una sensación desagradable y se sentía como si pudiera ceder en cualquier momento. Por suerte, Mira seguía sujetándolo y consiguió seguir en pie. Tras comprobar el efecto, volvió a guardar la orbe en la tela y la arrojó de vuelta a su dueño.

—Tiene un efecto muy fuerte.

—Sigue siendo un buen negocio venderlos ¿no? —Boguz añadió orgullosos mientras se cruzaba de brazos.

—Pero ya te dije, existen contramedidas. Además, lo que van a enfrentar no son simples bestias, ¿entiendes eso?

Mientras los dos hombres seguían discutiendo, la mente de Sarian se comenzó a llenar de preguntas y sintió un ligero interés por esas orbes. Tal vez, este era el momento perfecto para poner en práctica sus contenidas habilidades de reencarnado. Pero cuando estaba a punto de dar el paso al frente y unirse al grupo de “científicos” de este mundo…

—Ni siquiera se te ocurra. Recuerda que viniste a una entrevista con el Gobernador. No puedes perder más tiempo. —Valeska lo detuvo al instante.

«¡Ah, Ese maldito trabajo! Pero si no me preparo bien no habrá museo de Velek».

—No-no pensaba involucrarme. —Sarian fingió no tener interés y retrocedió nuevamente.

Realmente había dado un paso al frente sin saberlo y ahora regreso junto a Mira. Por otra parte, los dos hombre dejaron su discusión y el que se adelante fue Lubomir.

—Otra vez, este idiota me interrumpió. Lo qué quería decir es que, las cosas no siempre salen como uno las planea.

«Bueno, yo puedo asegurarle eso».

—Por ejemplo. La vez que conocí a Valeska, ella me tomó como prisionero.

—Esa historia otra vez —Sarian murmuró abatido. Esto no lo escuchó nadie y Lubomir siguió explicando.

—Después de engañarla diciendo que éramos cazadores juntamos todos los orbes que traíamos con nosotros en un círculo y de casualidad conseguimos un efecto similar las orbes de tormento. Así es como se consigue un efecto novedoso de una orbe.

—¡Me engañaste!

—¡Improvisaron antes del combate!

—Eres tonto —Boguz suspiró después de declarar eso.